La cadena pionera del crédito popular bajó la persiana de su última sucursal en medio de la recesión que impone Javier Milei. Llegó a contar con 2.500 empleados y 87 locales en todo el país.

El desierto económico que profundiza la gestión de Javier Milei acaba de cobrarse una víctima histórica del comercio argentino. Tras 116 años ininterrumpidos de trayectoria en el mercado interno, Minicuotas Ribeiro cerró definitivamente el último local que mantenía abierto en el país. La desaparición de la emblemática firma no representa un hecho aislado en el entramado productivo. Constituye el desenlace dramático de una cadena que supo liderar el consumo popular y que ahora sucumbe ante la caída brutal del poder adquisitivo.
La empresa dio sus primeros pasos como una modesta joyería en Villa Mercedes, provincia de San Luis, el 25 de mayo de 1910. Con el transcurso de las décadas, la firma fue ampliando sus ofertas hacia diferentes rubros y artículos para el hogar. Su consolidación definitiva en el mercado de retail se produjo hacia comienzos de los años 2000. En pleno 2001, la compañía inició pruebas piloto de préstamos orientados a personas que no tenían recibo de sueldo en blanco ni estaban bancarizadas.
Ese esquema crediticio inclusivo se expandió con fuerza en el año 2006 en todo el territorio nacional. Los directivos se inspiraron en el modelo del Grameen Bank fundado por Muhammad Yunus en Bangladesh. A través de este sistema de microcréditos, el formato de las minicuotas se transformó en un verdadero éxito comercial. En pocos años, la cadena logró superar los 2.500 empleados directos y alcanzó una red de 87 sucursales distribuidas en toda la Argentina.
El avance del comercio electrónico y los cambios de consumo obligaron luego a la compañía a iniciar el repliegue de varias tiendas físicas. Antes de la pandemia, la empresa se vio forzada a presentar un procedimiento preventivo de crisis para intentar reordenar sus pasivos. Con una estructura achicada, casi sin locales a la calle y una plantilla reducida, la firma subsistió con dificultades hasta los primeros días de octubre. En ese momento clausuró su última boca de venta, consumando el tiro de gracia sobre un gigante que democratizó el crédito para los sectores postergados.