En un discurso tenso ante empresarios, el Presidente defendió su rumbo económico, relativizó el dato inflacionario y volvió a respaldar a Manuel Adorni en medio de las denuncias.

En medio de un escenario cargado de malas noticias económicas, judiciales y políticas, el presidente Javier Milei eligió mostrarse sin filtros. Lo hizo en el Amcham Summit 2026, donde protagonizó un discurso marcado por el tono exaltado, la falta de autocrítica y una defensa cerrada de su modelo, incluso frente a un dato de inflación que él mismo calificó como “repugnante”.
Inflación: relativizar el golpe
El mandatario reconoció el impacto del 3,4% de inflación en marzo, pero rápidamente buscó minimizarlo. Argumentó que el aumento de la carne distorsionó el índice y aseguró que, sin ese factor, el número habría sido considerablemente menor.
“Esto no es inflación estrictamente, es un salto en el nivel de precios”, lanzó, en una frase que generó sorpresa incluso entre los asistentes. La explicación se completó con referencias a factores externos —como conflictos internacionales— y a lo que denominó “estacionalidad”.
Sin embargo, el dato llega en un contexto donde el acumulado del primer trimestre ya roza lo proyectado para todo el año, lo que pone en tensión el relato oficial.
Respaldo político en medio del escándalo
En primera fila, el jefe de Gabinete Manuel Adorni escuchaba el discurso. No fue un detalle menor: Milei lo elogió públicamente y volvió a respaldarlo pese a las investigaciones judiciales que lo rodean.
El gesto político fue claro: en medio de las denuncias por presunto enriquecimiento ilícito, el Gobierno cierra filas y sostiene a uno de sus funcionarios clave.
Más ajuste como única respuesta
Lejos de plantear correcciones, Milei redobló la apuesta. Ratificó que la “motosierra no se detiene” y aseguró que ordenó profundizar el recorte del gasto público en todos los niveles del Estado.
También rechazó cualquier alternativa económica que implique relajar el ajuste para estimular el crecimiento. “Esa hipótesis es una basura”, disparó, en referencia a quienes plantean otra estrategia.
El mensaje fue directo: no habrá cambios en el rumbo, incluso si los indicadores actuales muestran tensiones.
Un discurso atravesado por la tensión
El tono fue escalando con el correr de los minutos. Gritos, descalificaciones al “círculo rojo” y advertencias sobre no modificar el plan económico marcaron una intervención que dejó más dudas que certezas.
Incluso deslizó una frase que no pasó desapercibida: “Si nos tenemos que ir, nos vamos”, dijo, dejando entrever el nivel de presión que atraviesa la gestión.
Sin autocrítica y con un diagnóstico que choca con la realidad económica, el Presidente volvió a apostar todo a un mismo camino. Uno que, por ahora, no logra disipar las señales de crisis.