Tras perder 1023 millones de dólares especulando con el oro del Banco Central, Toto Caputo dejó pasar la oportunidad de conseguir divisas a baja tasa.

La estrategia financiera del gobierno de Javier Milei sufrió un durísimo revés que amenaza con asfixiar las cuentas públicas en el corto plazo. El riesgo país experimentó una marcada escalada hasta alcanzar los 675 puntos básicos, su registro más elevado en lo que va del año, cerrando de forma drástica la ventana de financiamiento internacional para la Argentina. Esta parálisis del crédito externo sepulta la posibilidad de emitir deuda soberana a tasas razonables en Wall Street y consagra el segundo fracaso consecutivo en la gestión del ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, quien ya arrastra el antecedente de haber perdido 1023 millones de dólares por maniobras especulativas con el oro del Banco Central.
La errática decisión del Palacio de Hacienda de postergar las colocaciones financieras a la espera de un escenario más propicio chocó de frente contra un adverso contexto internacional y el paulatino aumento de las dudas del mercado financiero sobre la sustentabilidad del programa libertario. A la pérdida de la oportunidad de financiamiento se le adiciona el ruinoso saldo de las coberturas financieras aplicadas sobre las reservas áureas del Banco Central. Un informe de la Auditoría General de la Nación (AGN) constató que estas jugadas de la autoridad monetaria generaron una pérdida neta de 1023 millones de dólares durante el ejercicio 2025, pese a los intentos oficiales por disfrazar el quebranto sosteniendo que la posición consolidada arrojó un balance positivo.
El propio ministro Caputo intentó justificar públicamente la inacción del Gobierno al sostener que las condiciones del mercado exterior no resultaban convenientes para las aspiraciones oficiales. “Convalidar tasas del 8,5% o 9% internacional es todavía muy elevado e innecesario para un país que mantiene superávit financiero”, había argumentado el titular de la cartera económica para defender la decisión de frenar la salida a los mercados internacionales. El plan oficial descansaba sobre la premisa de una convergencia hacia la baja en los rendimientos que jamás llegó a concretarse.
El Gobierno dejó transcurrir una ventana de oportunidad única cuando el riesgo país había retrocedido en el mes de julio hasta situarse en los 402 puntos básicos, un nivel relativamente favorable que no fue aprovechado para captar divisas. El indicador reanudó rápidamente su tendencia alcista hasta trepar a los 675 puntos este lunes, encareciendo sensiblemente el crédito soberano y obturando el acceso a la liquidez global. Aunque el riesgo país no equivale de forma matemática a la tasa final que debe convalidar el Tesoro Nacional, su constante aumento encarece las condiciones financieras y deja en evidencia la falta de pericia del equipo económico para ejecutar las colocaciones en los momentos de mayor liquidez relativa.
El escenario macroeconómico encuentra al equipo de gestión acorralado por el impacto de un contexto internacional hostil combinado con una profunda desconfianza en la plaza local. En ese sentido, el analista financiero Nau Bernues advirtió que la economía argentina históricamente amplifica los cimbronazos que ocurren en el resto del mundo, remarcando que frente a las tasas internacionales excepcionalmente altas los fondos de inversión del exterior optaron de forma masiva por desprenderse de los títulos públicos argentinos. En sintonía, el economista Juan Manuel Palacio advirtió sobre la endeblez del esquema al señalar que el riesgo país alcanzó su máximo anual en un marco donde la oposición política todavía no empezó a jugar y la gestión nacional sobrevive únicamente apuntalada por el viento de cola de los precios internacionales y el clima.
Frente a la escalada de la incertidumbre, la administración libertaria apeló a su libreto habitual procurando atribuir el deterioro financiero exclusivamente a factores exógenos. En sus habituales contactos con la prensa, el vocero presidencial Adrián Ravier recordó que al momento de asumir en 2023 el riesgo país superaba los 2500 puntos básicos, asegurando que los niveles actuales no invalidan el rumbo adoptado. “El plan económico es exitoso”, afirmó el portavoz para descartar de plano cualquier cambio en la orientación económica o la aplicación de estímulos fiscales, una lectura triunfalista que contrasta marcadamente con los pronósticos del propio presidente Javier Milei, quien en reiteradas oportunidades prometió que el riesgo país convergería hacia los 100 puntos durante este año.
El único atenuante que exhibe la gestión es la liquidez aportada por el sector externo, aunque el ingreso de divisas por vía comercial resulta insuficiente para disipar las dudas sobre la capacidad de pago del Tesoro. Según los últimos registros del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) difundidos por el ministro Caputo, las exportaciones de bienes crecieron un 23,5% interanual durante septiembre hasta alcanzar un récord histórico de 10.036 millones de dólares, lo que arrojó un superávit comercial de 2976 millones de dólares en el mes.
Sin embargo, el saldo favorable del comercio exterior no logra resolver de manera automática la demanda de dólares para el cumplimiento de las obligaciones financieras ni garantiza un crecimiento equivalente en el nivel de las reservas netas. Las proyecciones de la consultora EcoGo revelan que, si bien el Banco Central adquirió 982 millones de dólares durante las primeras once jornadas de octubre tras haber comprado 473 millones en septiembre, estas absorciones no se tradujeron en una acumulación efectiva de reservas. La entidad advirtió que el uso de esas divisas comerciales para cubrir vencimientos corrientes del Tesoro impedirá consolidar las reservas internacionales de la autoridad monetaria, un cuello de botella que se profundizará al no poder refinanciar los compromisos de capital mediante nuevas colocaciones de deuda.
El estancamiento financiero se proyecta de forma directa sobre la golpeada economía real, en donde las tasas elevadas y la caída de los ingresos paralizan el nivel de actividad general. El economista Miguel Kiguel describió que en el corto plazo no se vislumbra un horizonte de recuperación ni un proceso de expansión económica de consideración. El analista explicó que los bancos comerciales cuentan con liquidez para otorgar créditos pero enfrentan serias dificultades para colocar financiamiento por falta de demanda insolvente, advirtiendo que el estancamiento del crédito se combina con un aumento en los niveles de morosidad de los deudores golpeados por el modelo de ajuste libertario.