El vocero presidencial había rogado al periodismo que oculte el ajuste universitario mientras el oficialismo tejía la maniobra para voltear la sesión. Ocho ausentes de bloques dialoguistas garantizaron el decretazo.

La estrategia de encubrimiento y disciplinamiento del gobierno de Javier Milei consumó este jueves una doble afrenta contra la voluntad popular. Mientras el vocero presidencial Adrián Ravier rogaba a los periodistas que no hablen del ajuste ni del desacato a la Ley de Financiamiento Universitario para evitar que “la gente se enoja”, la Casa Rosada operaba en las sombras del Congreso para salvar su herramienta central de desguace. En una jornada marcada por la bronca y la movilización de masas, el oficialismo logró bloquear el rechazo al mega DNU 70/2023 al dejar sin el cuórum necesario la sesión especial convocada por el peronismo y diversos bloques opositores.
El intento parlamentario por poner un freno a las desregulaciones libertarias naufragó por apenas un puñado de voluntades cómplices. En el recinto de la Cámara baja se sentaron en sus bancas solamente 121 legisladores, registrándose 8 bancas menos de las 129 que hacían falta para abrir legalmente el debate, frente a un total de 136 diputados ausentes. La complicidad con el ajuste de Milei llevó la firma directa de ocho legisladores pertenecientes a las bancadas de Provincias Unidas y Argentina Federal. Por el primer espacio pegaron el faltazo los santafesinos Gisela Scaglia y José Nuñez, alineados con el gobernador Maximiliano Pullaro, la cordobesa Alejandra Torres, el chubutense Jorge Antonio Ávila, los jujeños Jorge Rizzotti y María Inés Zigarán, y la mendocina Lourdes Arrieta. Desde el segundo bloque garantizaron el blindaje la salteña Yolanda Vega, dirigente cercana al mandatario Gustavo Sáenz, y el misionero Daniel Vancsik.
La convocatoria a la sesión especial había sido impulsada por las bancadas peronistas y sectores díscolos tras el fallo de la Corte Suprema que en la práctica convalidó la entrega y liberación total de la venta de tierras nacionales a extranjeros. Ante la inminencia de una derrota legislativa que hiciera caer el decretazo, el oficialismo negoció a contrarreloj con sus aliados para desactivar la embestida opositora. La maniobra libertaria consistió en prometer la inclusión de un tope a la extranjerización en el propio proyecto oficial de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, cuyo tratamiento fue postergado para la sesión del próximo 21 de octubre.
Mientras el Gobierno festejaba la rosca legislativa, una multitud de manifestantes desbordaba las inmediaciones del Congreso en el marco de la Marcha Federal Universitaria. La protesta estudiantil confluyó en las avenidas porteñas con múltiples reclamos sociales y gremiales interconectados que coincidieron de forma unánime en el repudio integral al plan económico de Javier Milei. La noticia de la falta de cuórum cayó como un balde de agua fría entre los miles de militantes y ciudadanos autoconvocados que resistían en la calle, desatando una profunda ola de frustración y furia popular contra la dirigencia política que le dio la espalda a los reclamos más sentidos.
La indignación se canalizó de inmediato con durísimos testimonios que desnudaron la crisis de representación que profundiza el modelo libertario en el espacio público. “Es una traición. Pero ya no confiamos en el Congreso. Estamos en la calle porque creemos que es en las calles donde vamos a dar vuelta todo. Pero me parece una vergüenza, porque estamos acá por un montón de reclamos que son super sentidos para la sociedad y no nos están escuchando”, denunció entre lágrimas una joven manifestante desde Plaza Congreso. La impotencia ante las bancas vacías contrastaba con la prepotencia de un Gobierno que utiliza a sus voceros para falsear la realidad y tapar el desfinanciamiento deliberado del sistema público.
La bronca vecinal apuntó directamente contra los acuerdos de cúpula que permiten sostener el entramado desregulatorio del DNU 70/2023. “Son unos traidores. Que nos dejen de utilizar. Necesitan de nuestro voto para llegar pero cuando llegan no cumplen nada. Ganan millones, viven como reyes y se olvidan de dónde salieron y de los que los votamos”, exclamó otra mujer que participaba activamente de la movilización. A su lado, otro joven manifestante reforzó la exigencia de continuar la lucha popular: “Es una vergüenza. Nos están dando la espalda. Ojalá esto siga, tome más volumen y a corto plazo podamos tener cuórum para bajar el DNU 70/23”. El Gobierno de Milei celebra una victoria pírrica en los pasillos parlamentarios, pero el abismo entre la Casa Rosada y la sociedad amenaza con hacer estallar la precaria calma libertaria en cualquier momento.