El Presidente participó de ejercicios militares junto al Comando Sur en Mar del Plata y dejó una imagen que despierta interrogantes sobre la política exterior y la soberanía.

La escena no pasó desapercibida. Javier Milei aterrizó en la cubierta del USS Nimitz, uno de los símbolos más potentes del poder militar norteamericano, en el marco de ejercicios conjuntos en el Atlántico Sur. La foto, más que un gesto protocolar, funciona como señal política en un contexto global cada vez más tensionado.
Ejercicios militares y una señal de alineamiento
La actividad formó parte del operativo Passex 2026, coordinado por el Comando Sur de Estados Unidos y autorizado por el Decreto 264/2026. Incluyó maniobras aéreas con cazas y helicópteros, además de ejercicios tácticos de alta complejidad entre fuerzas de ambos países.
El Presidente llegó al buque en un avión militar y estuvo acompañado por funcionarios clave de su gabinete, en una puesta que buscó mostrar cercanía con Washington. Pero el gesto va más allá de lo militar: expone un posicionamiento geopolítico explícito en una zona históricamente sensible.
El Atlántico Sur en disputa y el peso simbólico del Nimitz
El USS Nimitz no es una nave más. Con décadas de participación en conflictos internacionales y capacidad de proyección global, su presencia en aguas cercanas al país reabre una discusión incómoda: qué rol ocupa Argentina en ese esquema.
Escoltado por el destructor USS Gridley, el despliegue posiciona al Atlántico Sur dentro del radar estratégico de las grandes potencias. Y lo hace con el aval explícito del Gobierno.
En ese marco, la imagen de Milei sobre la cubierta del portaaviones no es solo una postal. Es una definición. Mientras el Ejecutivo profundiza su vínculo con Estados Unidos, crecen las preguntas sobre los límites de ese alineamiento y sus implicancias en términos de soberanía, defensa y autonomía en una región que vuelve a estar en el centro de la escena.