El jefe de Gabinete evitó dar respuestas de fondo sobre su patrimonio y apuntó contra la oposición. Defendió el rumbo económico pese al deterioro social.

La escena expuso más que un informe de gestión. Con el respaldo explícito de Javier Milei, el jefe de Gabinete Manuel Adorni eligió confrontar, negar y endurecer el discurso en medio de cuestionamientos judiciales y un contexto económico cada vez más crítico.
Sin respuestas y con ataques
Durante su exposición, Adorni insistió en que “no cometió ningún delito”, pero evitó dar precisiones sobre los puntos más sensibles: las denuncias por su patrimonio y las operaciones inmobiliarias bajo sospecha.
Sí se refirió al viaje de su esposa en comitiva oficial, al que calificó como sin costo para el Estado, y encuadró las críticas dentro de una supuesta “operación golpista del kirchnerismo y la izquierda”. La estrategia fue clara: desviar el eje hacia la confrontación política en lugar de responder sobre los hechos.
El tono no fue aislado. Se repitió a lo largo de toda la presentación, con descalificaciones a la oposición y una narrativa que plantea cualquier cuestionamiento como un intento de desestabilización.
Ajuste, relato y una realidad que no cierra
En paralelo, el jefe de Gabinete defendió el rumbo económico del Gobierno y reivindicó el ajuste como parte central del programa. Aseguró que la inflación está bajo control, aunque admitió que el último dato fue negativo y que el impacto “no se refleja en el bolsillo”.
El contraste con los datos es evidente: caída del consumo, pérdida de empleo registrado y un deterioro sostenido del poder adquisitivo. Sin embargo, el discurso oficial se mantiene inalterable, incluso cuando la realidad empieza a mostrar fisuras cada vez más visibles.
La presencia de Karina Milei y gran parte del gabinete en el recinto funcionó como un respaldo político, pero también como señal de fragilidad: un funcionario cuestionado que necesita ser sostenido en bloque.
Entre negaciones, acusaciones y promesas a largo plazo, el Gobierno volvió a mostrar una lógica que ya se repite: frente a los problemas, más relato; frente a las dudas, más confrontación. Mientras tanto, las respuestas concretas siguen sin aparecer.