El equipo de Claudio Úbeda no registró remates en todo el partido en Brasil y dejó una imagen preocupante en ataque.

La escena en el Mineirão fue tan inusual como elocuente. Boca Juniors no logró patear al arco —ni siquiera desviado— en los 90 minutos frente a Cruzeiro. Un dato que no necesita demasiada interpretación para explicar lo que pasó en cancha.
Un partido sin ideas y sin profundidad
Desde el arranque, el equipo dirigido por Claudio Úbeda mostró dificultades para generar juego. El primer tiempo fue chato, con pocas situaciones y sin peso ofensivo. Boca nunca logró instalarse en campo rival ni inquietar al arquero Otavio Costa.
El desarrollo se volvió aún más cuesta arriba tras la expulsión de Adam Bareiro, que condicionó por completo el planteo. Con un hombre menos, el equipo retrocedió metros y resignó cualquier intento de ataque.
Un dato histórico que expone el problema
La única jugada que insinuó algo distinto fue un centro de Exequiel Zeballos, que generó cierta expectativa pero no llegó a convertirse en remate. Fue lo más cerca que estuvo Boca de incomodar en toda la noche.
Las estadísticas terminan de pintar el cuadro: apenas 37% de posesión y cero remates. Según registros de Opta, el conjunto argentino se convirtió en uno de los pocos equipos en los últimos años de la Copa Libertadores en terminar un partido sin tiros a favor.
El contraste es inevitable. Días atrás, Boca había mostrado otra cara con una goleada contundente ante Defensa y Justicia. En Brasil, en cambio, no solo perdió el protagonismo: directamente no estuvo.