Kiosqueros alertan por una distribución irregular que deja a los comercios sin stock. Mientras tanto, los precios suben y el negocio migra a canales digitales.

La escena se repite y vuelve a tensar un ritual que parecía intocable. A poco del Mundial, conseguir figuritas se vuelve una odisea y el circuito tradicional empieza a romperse. Desde la Unión de Kiosqueros de la República Argentina advierten que los distribuidores están reteniendo mercadería para venderla de forma directa, dejando a los kioscos fuera de juego.
Distribución desigual y venta directa: el conflicto de fondo
Según denuncian los comerciantes, el problema no es solo la falta de stock, sino cómo se reparte. Desde el lanzamiento de la colección, los pedidos llegan incompletos o directamente no se entregan, lo que impide sostener la venta cotidiana.
El circuito formal indica que Panini vende a distribuidores, que luego abastecen a los kioscos. Pero, en la práctica, parte de ese stock estaría siendo desviado hacia ventas directas al público, incluso con sobreprecios. El resultado es previsible: menos figuritas en la calle, más demanda y precios en alza.
A ese escenario se suma un cambio de hábito. Muchos compradores ya no pasan por el kiosco: adquieren combos online con decenas de sobres y buscan completar el álbum en pocas horas, trasladando el intercambio a otros espacios.
Cuánto cuesta completar el álbum y el avance del mercado paralelo
La edición 2026 llega con más páginas y más figuritas: son 980 en total, distribuidas en 112 hojas. Cada sobre incluye siete figuritas y se consigue alrededor de los $2.000, mientras que el álbum ronda los $15.000.
En ese contexto, completar la colección sin repetidas implicaría un gasto mínimo cercano a los $295.000. La comparación con otros mundiales deja en evidencia el salto: el mismo producto costaba $50 en 2018 y $750 en 2022.
El faltante también abrió la puerta a un mercado paralelo. Circulan figuritas no oficiales que se venden en internet y que presentan diferencias visibles en calidad y contenido. La inscripción “no oficial”, en letra pequeña, es una de las pocas señales para detectarlas.
Entre la escasez, la reventa y los nuevos hábitos de consumo, la tradición de comprar figuritas en el kiosco entra en tensión. Y lo que antes era parte del camino, hoy parece cada vez más difícil de encontrar.