La central obrera advierte por la falta de diálogo con el Gobierno y anticipa una posible escalada de medidas de fuerza. Crece la tensión con la gestión de Javier Milei.

El conflicto entre el sindicalismo y el oficialismo atraviesa uno de sus momentos más ásperos. Sin canales de negociación abiertos, la Confederación General del Trabajo empieza a mover fichas en un escenario donde la presión social y económica gana volumen.
Sin diálogo y con advertencias de paro
Desde la conducción cegetista dejaron en claro que el malestar no es nuevo, pero sí más profundo. “Nunca descartamos un paro nacional, pero no lo preferimos”, sostuvo Cristian Jerónimo, uno de los triunviros de la central, al marcar que la huelga general sigue sobre la mesa.
La frase condensa algo más que una advertencia: expone una relación quebrada. Según el dirigente, el Gobierno no habilita instancias de diálogo y eso empuja el conflicto hacia un punto cada vez más difícil de descomprimir. En ese marco, cuestionó el rumbo económico y fue directo sobre el ajuste: “No ajustaron a la casta, ajustaron a los que menos tienen”.
También rechazó el impacto de una eventual reforma laboral, a la que le asignó un efecto nulo en la generación de empleo. En paralelo, se metió en la interna opositora y respondió con dureza a las críticas de Máximo Kirchner, en un gesto que deja ver que la tensión no es solo con el oficialismo.
Paritarias pisadas y conflicto en escalada
La advertencia de endurecimiento no quedó aislada. Desde Rosario, Jorge Sola reforzó la idea de que el plan de lucha está activo y puede profundizarse. “Las medidas se irán intensificando, con paros o acciones más creativas”, anticipó.
El diagnóstico que trazó apunta a un “techo encubierto” en las paritarias, con acuerdos que el Ejecutivo no homologa si superan el 2% mensual. Para la central, eso genera un atraso salarial sostenido frente a la inflación y agrava el deterioro del ingreso.
A eso sumó otro dato que tensiona el escenario: la pérdida de 300 mil puestos de trabajo formal. En ese contexto, también cuestionó la reforma laboral impulsada por el Gobierno, a la que calificó como una oportunidad desaprovechada por no contemplar los cambios estructurales del mundo del trabajo.
Mientras el oficialismo sostiene su programa económico, la CGT ajusta su estrategia. Y en ese cruce, la posibilidad de un paro general vuelve a aparecer, no como consigna inmediata, sino como un horizonte cada vez menos lejano.