El gobernador consolidó su conducción del partido y apuesta a la formación política y al despliegue en los 135 distritos como base de su proyecto.

El Partido Justicialista bonaerense inició una nueva etapa con la conducción de Axel Kicillof, tras el acuerdo alcanzado con Máximo Kirchner. La reorganización interna no solo busca ordenar las tensiones acumuladas, sino también proyectar una estrategia política de mayor alcance en la provincia de Buenos Aires.
Alak, pieza clave para reconstruir el partido
En este nuevo esquema, el intendente de La Plata, Julio Alak, aparece como una figura central. Desde el entorno del gobernador señalan que estará a cargo de la formación política y de la reconstrucción del partido como espacio de contención y debate, con el objetivo de reactivar la vida interna del justicialismo.
La apuesta no es menor: se trata de devolverle al PJ una dinámica territorial sostenida, fortaleciendo su presencia en los 135 distritos de la provincia. En ese sentido, Alak encarna un perfil con trayectoria, capacidad de articulación y experiencia en la conducción partidaria, elementos que el oficialismo considera claves para esta etapa.
Territorialidad y formación, el nuevo eje del PJ
Uno de los diagnósticos que circula dentro del kicillofismo es la pérdida de capacidad de convocatoria del partido en los últimos años. Frente a eso, la estrategia apunta a reconstruir vínculos con la militancia y los dirigentes, ampliando la participación y generando espacios de formación política que vuelvan a darle identidad al PJ.
La intención es clara: salir de una lógica concentrada en el Conurbano y avanzar hacia una mayor presencia en el interior bonaerense. La idea de “federalizar” el partido aparece como uno de los ejes de esta nueva conducción, con el desafío de integrar a todos los sectores y territorios en la discusión política.
Un armado que mira más allá del PJ
Más allá del ordenamiento interno, el control del partido se proyecta como una herramienta clave para la construcción política de Kicillof. La reactivación del PJ no solo busca resolver tensiones internas, sino también consolidar una base territorial que le permita ampliar su liderazgo dentro del peronismo.
En ese esquema, el rol de Alak cobra una dimensión estratégica: fortalecer la estructura partidaria, reactivar la militancia y reconstruir el entramado político en toda la provincia son pasos que, además de ordenar el presente, empiezan a delinear el escenario futuro. Un movimiento que, en el fondo, también se lee en clave electoral.