El ministro de Economía habló de un “cambio de lógica” en el mercado, pese a los datos que muestran un deterioro sostenido del consumo y el poder adquisitivo.

El relato oficial y los números vuelven a chocar. Mientras un informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) confirma que las ventas minoristas llevan once meses consecutivos en caída, el ministro de Economía, Luis Caputo, descartó que exista una crisis de consumo y lo atribuyó a un “cambio de lógica” en el funcionamiento del mercado.
Un diagnóstico que contradice los datos
Durante su exposición en el Amcham Summit 2026, Caputo aseguró que el problema no es la falta de poder adquisitivo sino la adaptación empresarial a un nuevo escenario de apertura económica. “Antes cazaban en el zoológico”, afirmó, en referencia a un mercado más protegido, y sostuvo que ahora la competencia obliga a las empresas a ser más eficientes.
Sin embargo, los datos muestran otra cosa: el consumo masivo también inició 2026 en retroceso, profundizando una tendencia que se arrastra desde el año pasado. La caída sostenida impacta especialmente en sectores sensibles y refleja un deterioro del ingreso real de los hogares.
Ejemplos bajo la lupa
El ministro puso como ejemplo a empresas que, según su mirada, eligieron caminos distintos frente al nuevo contexto. Mencionó el caso de Fate, que —según dijo— optó por no adaptarse, y destacó a Lumilagro como modelo de reconversión exitosa.
Pero ese caso también genera controversia. En los últimos años, la empresa redujo su planta de trabajadores y avanzó en la importación de productos, lo que abre interrogantes sobre el tipo de “adaptación” que se promueve en este esquema económico.
Promesas de recuperación en medio de la incertidumbre
Caputo reconoció que marzo mostraría una aceleración inflacionaria, aunque insistió en que se trata de una interrupción transitoria del proceso de desinflación. Atribuyó ese repunte a una “dolarización previa a las elecciones” y reiteró que a partir de abril se verá una desaceleración marcada.
“El proceso va a continuar y la inflación va a tener certificado de defunción”, afirmó, y proyectó que los próximos 18 meses serán “los mejores de la historia”.
El problema es que, mientras ese escenario prometido no llega, los indicadores actuales siguen mostrando una economía en retracción, con consumo en caída y empresas que ajustan en un contexto cada vez más exigente.