Aunque crecen algunos rubros, la caída del poder de compra y la recesión condicionan la dinámica comercial en la ciudad.

En medio de la apertura de importaciones, un estudio de la Universidad Nacional de La Plata pone el foco en un dato clave: el verdadero problema del comercio no pasa por los productos del exterior, sino por la caída del consumo en un contexto de ajuste económico bajo el gobierno de Javier Milei.
Importaciones acotadas en un mercado en retroceso
El relevamiento muestra que el 45% de los comercios no vende productos importados, lo que evidencia una presencia limitada en la oferta general. Incluso entre quienes sí los comercializan, el impacto es moderado: el 72,4% no modificó el origen de sus productos respecto de 2023 y solo un 26,5% incrementó su participación, en la mayoría de los casos de forma leve.
Lejos de generar una transformación profunda, las importaciones aparecen como un fenómeno acotado. La conclusión del informe es clara: no producen un cambio estructural en la actividad. Pero ese dato abre otra lectura más preocupante: el mercado está demasiado debilitado como para absorber cambios de magnitud.
Consumo en caída y comercios que no logran repuntar
El dato de fondo no está en las góndolas, sino en el bolsillo. Con ingresos presionados, aumento de costos y retracción del consumo, la actividad comercial se mueve en un escenario de baja intensidad. En ese contexto, incluso una mayor oferta —sea nacional o importada— encuentra un límite claro en la demanda.
Algunos rubros puntuales, como librerías, artículos deportivos o informática, registran valoraciones positivas respecto a los importados, pero se trata de casos aislados que no logran revertir la tendencia general.
El informe deja una conclusión incómoda: las importaciones no son el factor que explica las dificultades del comercio. El problema es más profundo y está vinculado a la recesión, la pérdida de poder adquisitivo y un ajuste que enfría la economía. En ese escenario, la actividad no se transforma: se achica.