Mientras el Gobierno volvió a subir las tarifas de colectivos y trenes, un informe reveló que el transporte público aumentó entre tres y doce veces más que los ingresos desde diciembre de 2023.

Viajar en el AMBA se convirtió en un gasto cada vez más difícil de sostener para trabajadores, jubilados y beneficiarios de programas sociales. En poco más de dos años, las tarifas del transporte público subieron hasta 1700%, mientras los salarios crecieron muy por debajo de esa cifra y el sistema muestra señales de deterioro cada vez más visibles.
Las tarifas del transporte crecieron mucho más que los salarios
Desde esta semana, el Gobierno nacional aplicó un nuevo aumento del 2% en colectivos y del 18% en trenes dentro del Área Metropolitana de Buenos Aires. Pero el dato más fuerte aparece al mirar la evolución acumulada desde el inicio de la gestión de Javier Milei.
Según un informe del Centro de Estudios Derecho al Futuro (CEDAF), el subte aumentó 1668%; los colectivos bonaerenses 1576%; las líneas nacionales de colectivos 1246%; y los trenes 989%. En paralelo, los salarios registrados crecieron alrededor de un 240%, mientras el Salario Mínimo Vital y Móvil apenas acumuló un 145%.
El impacto ya se siente de lleno en el bolsillo. Actualmente, miles de trabajadores destinan entre el 10% y el 12% de sus ingresos solamente a viajar. En sectores como docentes universitarios o trabajadores que cobran salarios bajos, el peso del transporte llegó a multiplicarse hasta seis veces respecto de 2023.
Menos subsidios, menos pasajeros y un sistema cada vez más deteriorado
El aumento del costo del boleto ocurre además junto a un fuerte recorte de subsidios. Entre el primer bimestre de 2023 y el mismo período de 2026, el aporte estatal al sistema cayó un 49% en términos reales.
Al mismo tiempo, comenzaron a reducirse frecuencias y recorridos. Según datos de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (Aaeta), las líneas de colectivos del AMBA registraron una caída del 21% en la cantidad de pasajeros durante el último año y redujeron hasta un 19% las frecuencias.
La situación también se replica en trenes y subtes, donde la demanda continúa retrocediendo incluso respecto de los años posteriores a la pandemia. El deterioro del servicio ya no impacta solamente en el tiempo de viaje o en la comodidad: para muchas personas, trasladarse al trabajo, estudiar o hacer trámites cotidianos empieza a convertirse en una cuenta cada vez más difícil de pagar.