Sin formación ni trayectoria en el sector, un militante digital fue nombrado en una empresa nuclear estatal con un sueldo millonario mientras el Gobierno ajusta áreas estratégicas.

El relato de la “casta” vuelve a hacer ruido cuando se lo enfrenta con la realidad. Mientras el gobierno de Javier Milei impulsa recortes en áreas sensibles y promueve despidos en el Estado, un joven sin experiencia comprobable ni formación específica fue designado en un cargo jerárquico dentro de una de las empresas más delicadas del país.
Se trata de Ezequiel Acuña, de 23 años, quien fue nombrado subgerente de Responsabilidad Social Empresaria en Nucleoeléctrica Argentina, firma encargada de operar centrales clave como Atucha I, Atucha II y Embalse. Su salario, según trascendió, supera los 13 millones de pesos mensuales.
Militancia digital como trampolín
El recorrido de Acuña está lejos de responder a los criterios tradicionales de idoneidad. Sin título universitario —apenas inició y abandonó Ciencias Políticas y actualmente cursa Abogacía—, su principal capital parece haber sido su militancia activa en redes sociales. Es conocido en X como @elpasante, cofundador de La Derecha Diario y vinculado a espacios de comunicación afines al oficialismo.
Su ingreso al Estado se produjo en diciembre de 2023, apenas asumido el nuevo gobierno. Desde entonces, su ascenso fue meteórico: pasó por la Cámara de Diputados como asesor, luego recaló en Radio y Televisión Argentina (RTA), donde manejó redes en un contexto de despidos masivos, y finalmente aterrizó en el sector nuclear.
Ajuste, fuga de talentos y prioridades invertidas
El nombramiento no ocurre en el vacío. Se da en medio de un proceso de ajuste que impacta de lleno en áreas estratégicas como la ciencia y la tecnología. Proyectos clave como el reactor CAREM o el RA-10 enfrentan recortes, mientras profesionales altamente calificados —físicos e ingenieros— abandonan el sector por salarios deteriorados.
En ese contexto, la designación de un perfil sin antecedentes técnicos en una empresa nuclear no solo genera polémica, sino que expone una contradicción estructural: mientras se achica el Estado en nombre de la eficiencia, se amplían espacios para cuadros políticos sin expertise.
El doble discurso como política
El caso también revela una tensión discursiva difícil de ocultar. El propio Acuña, en redes sociales, cuestionaba a quienes “vivían del Estado”. Hoy, forma parte de su estructura con un salario que lo ubica en la élite de los ingresos públicos.
Lejos de ser un hecho aislado, el episodio reabre un debate más profundo sobre los criterios de selección en la gestión pública y el uso de los recursos estatales. Porque cuando la meritocracia se invoca como bandera pero se desdibuja en la práctica, lo que queda no es eficiencia: es discrecionalidad.
Y en sectores sensibles como el nuclear, esa discrecionalidad no es solo un problema político. También puede ser un riesgo estratégico.