El gobernador bonaerense cuestionó el impacto del conflicto entre EE.UU. e Irán en los precios locales. Denunció que el Gobierno no interviene y que la suba golpea directo al bolsillo.

En medio de un nuevo aumento en las naftas, el enfrentamiento político sumó un capítulo con tono más duro. Axel Kicillof apuntó contra la gestión de Javier Milei y vinculó la escalada de precios con la falta de medidas para amortiguar el impacto internacional.
Aumentos acumulados y críticas por la falta de intervención
Esta semana, los surtidores reflejaron una suba del 9% en los combustibles, que se suma a un incremento cercano al 25% desde principios de marzo. En ese contexto, Kicillof sostuvo que el Presidente “decidió librar su propia guerra: una guerra contra el bolsillo de los argentinos”.
El mandatario bonaerense remarcó que, frente al aumento del precio internacional del petróleo tras la operación militar en Medio Oriente, otros países adoptaron políticas para evitar su traslado directo a los consumidores. En cambio, señaló que el Gobierno argentino mantiene el criterio de fijar los valores internos en línea con el mercado global.
Según su planteo, esa decisión genera un efecto inmediato: los precios locales terminan equiparándose a los de países importadores, pese a que Argentina produce petróleo. “El Estado decide no hacer absolutamente nada”, cuestionó.
El impacto del conflicto global en la economía local
El salto en el valor del crudo —que superó los 100 dólares por barril tras el inicio del conflicto— reconfiguró el escenario energético a nivel mundial. En ese marco, distintas administraciones evalúan medidas como subsidios temporales o impuestos extraordinarios a petroleras para contener los precios.
Kicillof utilizó esa comparación para profundizar sus críticas y plantear una diferencia de enfoque. Mientras otros gobiernos priorizan amortiguar el impacto en hogares y empresas, sostuvo que en Argentina esa respuesta no aparece.
Con los combustibles como uno de los motores de la inflación cotidiana, el cruce suma tensión a un escenario donde la discusión económica se vuelve cada vez más política. Y en ese terreno, cada aumento en los surtidores deja de ser solo un número para convertirse en parte del conflicto.