El intendente destacó el rol clave del talento local en una misión histórica de la NASA y reforzó el valor estratégico de la ciencia pública.

El intendente de La Plata, Julio Alak, encabezó un reconocimiento a los científicos y profesionales platenses que participaron en el desarrollo del satélite Atenea, integrado a la misión Artemis II de la NASA. La iniciativa no solo celebró el logro técnico, sino que buscó posicionar a la ciudad como un actor relevante en el mapa aeroespacial.
Ciencia pública y talento local, en el centro del logro
Durante el acto, Alak definió el hito como un hecho “patriótico” que trasciende la ingeniería. En esa línea, remarcó que el desarrollo fue posible gracias a la articulación entre el sistema universitario y organismos científicos, en particular la Universidad Nacional de La Plata y el CONICET.
El satélite Atenea fue uno de los cuatro proyectos seleccionados entre 50 países y el único que logró operar con éxito en el espacio profundo, un dato que refuerza el peso del aporte argentino dentro de una misión que marcó el regreso de vuelos tripulados a la órbita lunar tras más de medio siglo.
Un desarrollo estratégico con sello platense
El proyecto fue impulsado por el Centro Tecnológico Aeroespacial (CTA), el grupo SENyT y el Instituto Argentino de Radioastronomía, bajo la supervisión de la CONAE. Equipos de la UNLP lideraron áreas clave como la ingeniería de sistemas, el software de vuelo, las comunicaciones y el control térmico.
El decano de Ingeniería, Marcos Actis, puso el foco en la continuidad: sostuvo que este tipo de avances responden a políticas de Estado de largo plazo y no a gestiones aisladas.
Reconocimiento institucional y proyección
En el marco del acto, el Municipio declaró de Interés Municipal la labor de las instituciones involucradas y entregó diplomas a los profesionales que formaron parte del proyecto. El gesto político también funciona como mensaje: en medio de tensiones sobre el financiamiento científico, la gestión local apuesta a visibilizar el impacto concreto de la inversión en conocimiento.
El aporte platense a Artemis II no solo deja un hito tecnológico, sino que instala una discusión de fondo: el lugar de la ciencia argentina en proyectos globales y su capacidad para competir —y destacarse— en escenarios de máxima exigencia.