En el Foro Económico Mundial, el Presidente insistió con su cruzada ideológica, cargó contra el socialismo y defendió sin matices al empresariado, en una exposición que generó más preocupación que definiciones concretas sobre el rumbo argentino.
Durante su participación en el Foro Económico Mundial de Davos, Javier Milei volvió a exponer una visión rígida y confrontativa sobre la economía y la política global. En un escenario atravesado por debates sobre guerras, crisis climática y reconfiguración del poder mundial, el Presidente argentino optó por reiterar una defensa cerrada del capitalismo de libre empresa y un ataque frontal al Estado, al que presentó como el principal obstáculo para el progreso.
En su discurso, Milei calificó de “narcodictadura” al gobierno venezolano, habló de “parásitos mentales de izquierda” y exigió que “los estados y los políticos dejen de fastidiar” a quienes, según su mirada, “están haciendo un mundo mejor”: los empresarios. La intervención volvió a mostrar una alineación explícita con Donald Trump, al parafrasear su consigna “Make Argentina Great Again” y cerrar filas con el ideario del expresidente estadounidense.
La exposición comenzó con más de una hora de demora, luego de que gran parte del auditorio priorizara asistir a una conferencia de Trump. Cuando finalmente tomó el atril, Milei desplegó una larga perorata teórica, con citas a autores diversos, elogios a la Escuela Austríaca y referencias a la filosofía griega, el Derecho Romano y los valores judeocristianos, en una combinación que dejó escaso margen para definiciones concretas sobre la coyuntura argentina.
El mandatario volvió a enumerar lo que considera logros de su gestión, como la reducción del déficit, la inflación y la pobreza, y utilizó metáforas polémicas para describir su política social, al afirmar que a los sectores vulnerables ya no se les “regala el pescado”, sino que se les enseña a “pescar”.
A lo largo de los 30 minutos que duró su alocución, Milei insistió en que “las fallas del mercado no existen”, aseguró que las regulaciones estatales “matan el crecimiento” y sostuvo que sin empresarios el nivel de vida sería “extremadamente precario”. También responsabilizó al socialismo por tragedias históricas y afirmó, sin sustento empírico, que le habría costado al mundo millones de vidas.
El cierre tuvo un tono marcadamente mesiánico. Milei celebró un supuesto “despertar” global de las ideas libertarias y aseguró que América será el faro que vuelva a encender a Occidente. En Davos, lejos de moderar su mensaje, el Presidente profundizó una narrativa que, más que certezas, deja interrogantes y alarma sobre el rumbo político y económico que propone para la Argentina.