En un congreso económico en Corrientes, el Presidente confirmó la firma del pacto bilateral con EE.UU., lo calificó como un paso clave para “hacer grande a Argentina nuevamente” y volvió a cargar contra el “populismo”, los ambientalistas y los impuestos que frenan inversiones.

El presidente Javier Milei volvió a encender señales de alarma este martes al anunciar, con tono triunfalista, la entrada en vigencia del nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos. Lo hizo durante el Congreso de Economía Regional del Club de la Libertad, en Corrientes, minutos después de que la Casa Blanca difundiera un comunicado que exhibe la consolidación de una “alianza estratégica” entre ambos países.
“Acaba de firmarse el acuerdo de comercio bilateral”, celebró el mandatario, asegurando que su gobierno está comprometido con “hacer grande a Argentina nuevamente”. Sin embargo, detrás de ese entusiasmo, economistas, especialistas en comercio exterior y dirigentes opositores observan con creciente preocupación el impacto del pacto, que incluye preferencias arancelarias para productos estadounidenses y una apertura local que podría desplazar a sectores productivos sensibles.
La inquietud se profundiza por otro punto clave: Estados Unidos evaluará el impacto del acuerdo antes de aplicar la Sección 232, una herramienta jurídica vinculada a la seguridad nacional que podría reconfigurar el comercio bilateral sin previo aviso. Para analistas, esto abre una ventana de asimetrías y subordinación que podría dejar a Argentina en desventaja en áreas estratégicas.
Durante su exposición, Milei reforzó su visión económica basada en la desregulación y el repliegue estatal. Aseguró que el país podría “entrar en un nuevo siglo de oro”, pero solo si se respeta “de manera irrestricta la propiedad privada” y se eliminan “los obstáculos del populismo”. Sin embargo, ese diagnóstico convive con un deterioro social marcado por caída del consumo, recesión profunda y un mercado laboral cada vez más precarizado.
Uno de los pasajes más polémicos del discurso estuvo dedicado a la reforma de la Ley de Glaciares, que el Presidente defendió con una dureza pocas veces vista. Cuestionó a las organizaciones ambientales con declaraciones que generaron un fuerte rechazo: “Los ambientalistas prefieren que uno se muera de hambre antes que tocar algo”.
La iniciativa, impulsada por su gobierno y acompañada por el gobernador mendocino Alfredo Cornejo, permite que las provincias definan zonas periglaciares y habiliten explotación minera en áreas antes protegidas, lo que especialistas describen como un retroceso ambiental de enorme gravedad.
Sobre el final, Milei repasó su agenda legislativa para las próximas sesiones extraordinarias. Destacó que eliminó o redujo 20 impuestos desde su asunción y pidió avanzar sobre un nuevo paquete tributario destinado a “sacar los dólares del colchón”. También defendió con énfasis la reforma laboral, pese a las advertencias de sindicatos y abogados laboralistas que anticipan un escenario de mayor informalidad y pérdida de derechos.
“No hay que dejarse psicopatear”, sostuvo el Presidente, reafirmando que su administración seguirá siendo “el gobierno más reformista de la historia”.
Mientras Milei celebra lo que considera un rumbo histórico, crece la preocupación en amplios sectores sociales, productivos y ambientales que ven en estas decisiones una pérdida progresiva de soberanía, un debilitamiento del entramado industrial y un avance acelerado sobre recursos naturales que podría tener consecuencias irreversibles.