En una maniobra de desesperación para contener la estampida del dólar, el Ministerio de Economía dilapidó depósitos públicos en una clara transgresión a las reglas fijadas con el organismo internacional.

El plan económico de la administración de Javier Milei atraviesa su momento más crítico tras confirmarse una peligrosa maniobra financiera que desafía los compromisos internacionales asumidos por la Argentina. En medio de un escenario de severa inestabilidad cambiaria, el ministro Luis Caputo apeló al uso directo de los dólares del Tesoro para contener la cotización del billete verde antes de que alcanzara el límite superior estipulado dentro del esquema de bandas acordado con el Fondo Monetario Internacional (FMI). La operación, llevada a cabo por la cartera económica y no por la autoridad monetaria, constituye una violación implícita a los lineamientos del programa vigente y enciende severas alarmas sobre la sostenibilidad de las cuentas públicas y la verdadera disponibilidad de divisas.
Durante una jornada atravesada por un abrupto salto en la demanda de moneda extranjera, el mercado detectó un volumen de oferta sumamente inusual que permitió frenar el impulso inicial de la divisa. El dólar mayorista cerró la Rueda en 1.541 pesos, anotando un avance de 11,50 pesos (un 0,75%), tras permanecer extrañamente estancado durante gran parte de la rueda posterior al pico inicial. Operadores de la plaza financiera estiman que el Tesoro volcó de forma directa entre 100 y 200 millones de dólares pertenecientes a sus propios depósitos en el Banco Central de la República Argentina (BCRA) para forzar esa calma artificial, eludiendo la restricción que impedía la intervención del Banco Central, cuyo techo de la banda se encontraba fijado muy por encima, en los 1.946,73 pesos.
Drenaje de depósitos y estancamiento con el organismo multilateral
El uso discrecional de estas divisas genera una honda preocupación en los sectores técnicos, ya que los fondos utilizados forman parte del respaldo que la administración requiere para afrontar inminentes vencimientos de deuda soberana. De acuerdo con las estimaciones del analista Federico García Martínez, tras este desprendimiento de recursos, las tenencias en dólares del Tesoro en la autoridad monetaria descendieron a 825 millones de dólares, marcando su punto más bajo desde mediados de mayo, momento previo a una capitalización de 1.700 millones realizada por el propio Central. La maniobra no solo erosiona el colchón financiero del Estado, sino que expone la parálisis en la acumulación de reservas: se trató de la cuarta rueda sin compras netas de dólares en lo que va del año dentro del nuevo programa puesto en marcha en enero, interrumpiendo una racha positiva de 19 jornadas consecutivas y dejando en evidencia que de los 15.820 millones de dólares adquiridos en el mercado durante 2026, el organismo solo retuvo 8.590 millones.
Esta controversia cambiaria estalla en un terreno extremadamente frágil para el equipo económico, dado que la aprobación de la tercera revisión del programa con el FMI se encuentra trabada a la espera de la ratificación del directorio, postergando la llegada de un desembolso clave de 869 millones de dólares. Pese a que el equipo técnico concluyó su trabajo de campo a fines de septiembre, el incumplimiento de las pautas operativas acordadas y el artilugio contable de volcar divisas desde el Tesoro añaden tensiones políticas que amenazan con demorar aún más el auxilio financiero que la Casa Rosada busca desesperadamente para estabilizar sus balances.
Especulación en futuros y un riesgo país desbocado frente al contexto regional
La virulencia de la presión cambiaria quedó reflejada en la operativa del mercado. Según los registros de Gustavo Quintana, de PR Cambios, el volumen en el segmento de contado trepó a 735,23 millones de dólares (un salto del 31% respecto a la Rueda previa), mientras que el mercado de futuros se disparó un 158%, alcanzando los 2.140 millones de dólares. Analistas de la plaza remarcaron que el Ejecutivo volvió a utilizar contratos derivados para moderar las expectativas devaluatorias a futuro, una estrategia riesgosa que, a diferencia de las ventas en contado que consumen divisas de inmediato, compromete liquidaciones masivas en pesos a futuro si el tipo de cambio oficial supera los valores pactados.
El impacto de las turbulencias regionales tras los comicios en Brasil dejó al descubierto las profundas debilidades del modelo económico libertario. Mientras que la depreciación del real en el país vecino no alteró la percepción de solvencia de su deuda —manteniendo su riesgo país prácticamente inalterado por debajo de los 200 puntos básicos gracias a sus más de 360.000 millones de dólares en reservas internacionales—, en la Argentina la desconfianza de los inversores provocó un salto brutal de 48 puntos en el indicador de JP Morgan, escalando un 6,8% hasta posicionarse en los 755 puntos básicos. Este marcado contraste reafirma que la falta de reservas reales, las maniobras al borde de la norma técnica y la extrema fragilidad financiera continúan alejando a la Argentina del acceso al crédito internacional, sumiendo a la economía nacional en una espiral de incertidumbre conducida por la improvisación oficial.