Ante la pérdida de control, el Presidente denunció la búsqueda de un “mileísmo sin Milei” mientras descalifica el hambre popular y ataca a la prensa.

La interna en las cúpulas del poder político ha alcanzado un nivel de tensión inédito que deja al descubierto la profunda fragilidad institucional del gobierno de Javier Milei. En una declaración de debilidad política sin precedentes para un jefe de Estado en ejercicio, el propio Presidente reconoció de manera pública que el denominado Círculo Rojo ha elegido a Patricia Bullrich como la candidata destinada a darle continuidad a su modelo de gestión.
Durante una entrevista concedida a Jony Viale en Radio Rivadavia, el mandatario libertario acusó a los sectores corporativos de intentar construir un “mileísmo sin Milei”, una fórmula que calificó conceptualmente como un oxímoron y que definió con dureza como “el esqueleto obeso”. Con evidente malestar, Milei atribuyó esta maniobra a un supuesto desprecio personal y a un odio visceral por parte de empresarios a quienes, según su visión, les quitó caja y negocios.
A pesar de que el Presidente intentó cuidar sus palabras sobre la exministra durante el reportaje e incluso validó sus aspiraciones de competir por la Casa Rosada, la aceleración de la estrategia proselitista de Bullrich genera un temblor cotidiano en el seno de la administración central. La senadora ya no oculta sus intenciones y opera bajo la convicción de que la figura presidencial atraviesa un proceso de desgaste irreversible.
Así se lo confesó sin rodeos a un legislador radical en los pasillos del Congreso, asegurándole que jugará la carrera presidencial “sí o sí” porque está convencida de que Milei finalmente “se manca”. Pocas horas después, en una aparición en la pantalla de TN, la dirigenta afirmó estar absolutamente preparada para ser presidenta, desencadenando una furiosa reacción del Poder Ejecutivo contra las empresas de comunicación.
La avanzada de Bullrich no se limita a las ambiciones personales, sino que impacta de lleno en la línea flotante de la gestión al desarmar el relato económico oficial. En una crítica abierta y sin tapujos al rumbo financiero de la Casa Rosada, la senadora cuestionó severamente la pretendida “bazooka” cambiaria diseñada por el equipo libertario para contener una eventual corrida en el año electoral, asegurando con vehemencia que no se puede andar diciendo que se cuentan con 75 mil millones de dólares.
En esa misma línea de confrontación directa, advirtió que la Argentina no puede permanecer atada a las decisiones de Scott Bessent y le recomendó al Jefe de Estado que abandone las discusiones teóricas con economistas para bajar a la realidad, hablar con los ciudadanos y atender los problemas concretos que golpean a la sociedad. El desafío de la senadora se trasladó también al terreno del marketing político y las redes sociales mediante maniobras de provocación calculada.
Tras haber jugado al misterio anunciando en la plataforma X que “se vienen cositas”, Bullrich publicó un video con estética de lanzamiento presidencial grabado en las instalaciones del Senado. En la pieza audiovisual se la observa con gesto adusto y los puños firmemente apoyados sobre su escritorio, acompañada por la frase “Patricia conoce Argentina” y musicalizada con la canción “Es un secreto” del dúo reguetonero Plan B, un detalle de provocación dirigido a la cúpula libertaria similar al que había utilizado semanas atrás al emplear un tema de Lali Espósito.
Entre las imágenes elegidas para el video sobresale el sillón de la presidencia de la Cámara Alta, un espacio reservado para la Vicepresidencia que la propia Bullrich aclaró que no le interesa ocupar para no quedar aislada como Victoria Villarruel, revelando de paso que el Presidente jamás le ofreció ese lugar. La creciente sintonía de Bullrich con los sectores más concentrados del establishment económico ha desatado una verdadera guerra de nervios en Balcarce 50.
La candidatura de la exministra cuenta con el respaldo implícito de figuras centrales del empresariado como Paolo Rocca, del grupo Techint, y Héctor Magnetto, CEO del Grupo Clarín. Esta alianza no declarada explica la brutalidad de los ataques que el mandatario libertario lanzó desde España contra el multimedio, a pesar de que pocas semanas antes la propia gestión le había cedido la multimillonaria fusión comercial entre Telecom y Telefónica.
La escalada de hostilidades institucionales tuvo su punto más oscuro cuando el canciller Pablo Quirno le prohibió el ingreso a la periodista Natasha Niebieskikwiat a una conferencia con el subsecretario de Estado norteamericano Christopher Landau, irritado porque el matutino había revelado la preocupación del gobierno de Donald Trump por una Ley de Malvinas que compromete intereses de firmas estadounidenses. Mientras la cúpula política se esmera en una batalla por la sucesión, la gestión de Milei ratifica una desconexión alarmante con la dramática realidad que atraviesan los sectores populares.
Durante la misma emisión radial, el Presidente confirmó que desconoce el significado concreto de no llegar a fin de mes al preguntarse de forma insensible cómo hace una persona que se queda sin dinero el día 20 para pasar diez días sin comer ni beber, sugiriendo que el endeudamiento solo le trasladará el problema al mes siguiente. Acto seguido, el mandatario intentó descalificar el contundente estudio de la consultora Zentrix —el cual reveló que dos de cada tres argentinos no logran cubrir sus necesidades básicas al cierre del mes— afirmando que la medición es una frase efectista sin asidero con la realidad y tildando a sus autores de ser meros operadores. La respuesta técnica e institucional no tardó en llegar por parte del titular de la consultora, Claudio Montiel, quien cruzó duramente al Jefe de Estado al aclararle que no son operadores, ni mapuches iraníes, ni comunistas, dejando al descubierto a un Gobierno encerrado en la negación frente al deterioro de la calidad de vida de los argentinos.