Acorralado por la falta de votos en el Senado y temeroso de dinamitar el debate del Presupuesto y la suspensión de las PASO, el mandatario decidió postergar la cobertura de las vacantes del máximo tribunal para el año próximo.

La debilidad política y la improvisación institucional de Javier Milei volvieron a quedar expuestas en el terreno más sensible de la República. Pese a que las negociaciones subterráneas con un sector de los mandatarios provinciales se encontraban en un punto avanzado para reflotar el pliego del controvertido juez federal Ariel Lijo, la Casa Rosada resolvió patear la definición para el próximo año. Lejos de responder a una vocación de transparencia o a un criterio de idoneidad técnica, la marcha atrás libertaria obedece al puro pánico parlamentario: en Balcarce 50 admiten sin pudor que el Presidente no quiere sumar un nuevo frente de tormenta en un Senado donde carece de mayorías, justo cuando intenta imponer a cualquier costo la eliminación de las primarias y un Presupuesto de recorte feroz.
El botín de los juicios provinciales y la extorsión de los fondos
El trasfondo de la disputa por el cuarto piso de Tribunales encierra una urgencia económica y política de proporciones alarmantes. La banca vacante que persiguen los gobernadores dialoguistas no es un mero casillero administrativo, sino la estratégica vocalía de Juicios Originarios, el ámbito neurálgico donde se dirimen las demandas de las provincias contra la administración central. Desde la asunción de Milei, estas causas escalaron a niveles récord debido al corte intempestivo de transferencias obligatorias, la eliminación discrecional de partidas especiales y la asfixia deliberada a las economías regionales impuesta por el Ministerio de Economía.
Para los mandatarios del interior, colocar a un magistrado con capacidad de articulación política como Lijo representaba un intento desesperado por contrarrestar una Corte Suprema marcadamente alineada con la Casa Rosada y evitar la quiebra financiera de sus distritos. Sin embargo, el cálculo libertario optó por congelar el trámite: alcanzar los dos tercios en la Cámara alta exigiría abrir un diálogo directo y formal con el interbloque justicialista que conduce José Mayans, cuyos veinticinco senadores retienen un poder de veto infranqueable que el oficialismo no puede sortear sin quebrar internamente a la bancada opositora, tal como ocurrió en la maniobra que prorrogó en Casación al camarista Carlos Mahiques.
Cajas de poder, la Procuración y las componendas en las sombras
La postergación de la terna judicial deja al descubierto la densa trama de intereses cruzados que rodea al Ministerio de Justicia. El ascenso de Lijo a la Corte Suprema constituía la pieza clave para habilitar las ambiciones del actual ministro Juan Bautista Mahiques, quien anhela desembarcar como titular definitivo de la Procuración General de la Nación para reemplazar el interinato de casi una década de Eduardo Casal. Ambos funcionarios vienen protagonizando una soterrada disputa por el control del Ministerio Público Fiscal, por lo que la eventual llegada del juez de Comodoro Py al máximo tribunal le hubiera despejado el camino al funcionario nacional en un reparto de fueros y potestades a espaldas de la ciudadanía.
Mientras la designación queda en suspenso, la rosca por la otra vacante de la Corte sumó el llamativo movimiento de Claudia Sbar, la expresidenta del tribunal supremo de Tucumán que busca impulsarse con una cosecha de apoyos autogestionada. Con un pasado político anclado en los respaldos de José Alperovich y Juan Manzur, la magistrada tucumana cuenta ahora con la bendición del juez supremo Ricardo Lorenzetti en una carrera donde las alianzas de ocasión reemplazan cualquier debate sobre independencia jurídica. Al subordinar la integración del máximo órgano judicial del país a sus conveniencias electorales y a la necesidad de blindar el ajuste presupuestario, la gestión de Milei degrada la seguridad jurídica y consagra una parálisis institucional que amenaza con sumir a la Justicia argentina en un estado de descomposición terminal.