El balance del gobierno libertario arroja una crisis inédita de ingresos que pulverizó el poder de compra de las familias y dejó a la economía real en niveles peores que los cierres de Macri y Alberto Fernández.

La celebración oficialista por la supuesta calma macroeconómica tropieza con una catástrofe silenciosa en la calle. Cumplidos los primeros 1.000 días de mandato de Javier Milei, el saldo del programa libertario no es el despegue prometido, sino el estrangulamiento sistemático de la capacidad de subsistencia de la población. Entre una inflación acumulada que trepó al 241% empujada por la devaluación inicial y una caída del consumo masivo que no encuentra piso, la gestión de la Casa Rosada consolidó una transferencia regresiva de recursos sin precedentes modernos, donde el sostenimiento artificial del superávit fiscal y las reservas se financia con el hambre y el endeudamiento de las familias.
El descalabro del poder adquisitivo: una inflación acumulada que superó a las gestiones anteriores
La propaganda de la Casa Rosada insiste en mostrar la desaceleración del índice de precios como un triunfo histórico, pero oculta deliberadamente el costo del sendero transitado. Con un acumulado del 241% en lo que va del mandato, el salto inflacionario de Milei duplicó con holgura el 112% registrado en el mismo tramo temporal bajo la gestión de Mauricio Macri y sobrepasó con creces el 200% alcanzado durante el período equivalente de Alberto Fernández.
El impacto no se explica únicamente por la inercia heredada, sino por la decisión política de convalidar una megadevaluación al inicio de la gestión y por la persistencia de incrementos mensuales por encima del 1,5% en pleno tercer año de gobierno. En lugar de estabilizar con recomposición de haberes, el esquema oficial congeló ingresos en un escalón históricamente deprimido, transformando lo que era una crisis de volatilidad financiera en una parálisis estructural del poder de compra. A esto se suman las crecientes sospechas sobre la fiabilidad de las estadísticas oficiales tras la postergación del nuevo IPC y la exclusión contable de los intereses de la deuda para maquillar el superávit primario.
Comercios asfixiados y changuitos vacíos: el piso histórico del consumo popular
La contracción económica golpea con especial violencia en el acceso a bienes de primera necesidad como alimentos, productos de limpieza e higiene personal. Los propios registros del Indec para las grandes cadenas de supermercados marcan un retroceso de 2,2 puntos entre enero de 2024 y junio de 2026 en su medición de tendencia-ciclo. La anomalía libertaria queda en evidencia al contrastar los números: en lapsos idénticos, las ventas en supermercados habían aumentado 3,7 puntos con Alberto Fernández pese a las restricciones sanitarias de la pandemia, y con Macri apenas habían cedido 0,2 puntos. La motosierra logró perforar niveles de consumo que ni siquiera las peores turbulencias de las administraciones anteriores habían quebrado.
En el comercio minorista tradicional y los negocios de cercanía, el panorama es todavía más alarmante. Según los relevamientos de la consultora Scentia, el consumo en almacenes, farmacias y kioscos se derrumbó un 25% respecto a los registros previos a la asunción presidencial, manteniéndose en terreno negativo durante cada uno de los meses transcurridos de 2026. A la par, el índice de ventas minoristas pyme de la CAME constata un desplome acumulado del 19%, confirmando que la recesión del mercado interno no es una fase transitoria, sino un rasgo permanente del modelo.
Parálisis en bienes durables y un endeudamiento familiar que enciende todas las alarmas
El agotamiento de la economía real ya desbordó los gastos cotidianos y congeló la adquisición de bienes durables. Aunque durante 2025 se registró un rebote estadístico en patentamientos automotrices y ventas de artefactos para el hogar, la tendencia volvió a quebrarse en 2026 con una retracción del 13% en vehículos y una caída real del 15% en electrodomésticos durante el segundo trimestre. Las familias ya no disponen de margen financiero ni para renovar equipamiento básico ni para asumir compromisos a mediano plazo.
El informe de la Cámara Argentina de Comercio corrobora este estancamiento generalizado en la venta de autos, electrodomésticos y escrituras inmobiliarias, desnudando el límite de un esquema asentado sobre el crédito caro y una morosidad en niveles récord. Cumplidos 1.000 días de ajuste implacable, la gestión de Javier Milei no ofrece señales de recuperación productiva: el festejo financiero del oficialismo convive con una sociedad exhausta, ahogada en deudas y privada de los consumos más básicos para subsistir.