Mientras Wall Street celebró el triunfo demócrata, los activos argentinos colapsaron y el riesgo país escaló a 852 puntos por el temor de los inversores a que se disuelva el auxilio financiero del Tesoro norteamericano.

El violento desacople entre los mercados internacionales y la golpeada economía argentina volvió a poner en evidencia la vulnerabilidad del modelo económico libertario. Mientras Wall Street festejaba con alzas de hasta el 3% en el Dow Jones y el S&P 500 subía un 1,8% impulsado por la expectativa de una economía estadounidense menos regulada y por la fuerte caída del petróleo a 95 dólares el barril, los activos locales vivieron una jornada negra. La contundente derrota de Donald Trump en las elecciones de medio término provocó un derrumbe del 4,4% en dólares en el índice Merval, nuevas pérdidas en los bonos soberanos, un riesgo país que tocó su máximo en más de un año alcanzando los 852 puntos y un Banco Central con nula capacidad de maniobra que apenas pudo comprar 9 millones de dólares. Lo que a los mercados globales les divierte, a la gestión del ministro Luis Caputo la aterroriza.
El origen de la desconfianza radica en el futuro del auxilio financiero internacional que sostenía la narrativa oficial. La mayor inquietud de los analistas e inversores se centra en la capacidad real del Gobierno para apelar al swap de 20.000 millones de dólares firmado entre el Banco Central y el Tesoro estadounidense bajo la conducción de Scott Bessent. Economistas de bancos de inversión como Alberto Ades advirtieron que dicho mecanismo fue una concesión política extraordinaria a la gestión de Javier Milei que difícilmente se repetiría con otra conducción en Washington, mientras que informes de la consultora Adcap ratificaron que la incertidumbre principal pasa por la disposición política del Ejecutivo norteamericano para repetir el apoyo cambiario en el crucial año electoral de 2027. Aunque la utilización del Exchange Stabilization Fund no requiera aprobación directa del Congreso, la debilidad política de los republicanos condiciona fuertemente cualquier discrecionalidad.
Esta grieta en el respaldo externo hace tambalear la mentada “bazuca” de reservas con la que Milei y Caputo pretendían impresionar a los mercados, un volumen que el propio Presidente infló sucesivamente desde los 75.000 millones hasta los 125.000 millones de dólares sumando de manera ficticia contratos de futuros, swaps con China y expectativas de superávit comercial. Con tasas de interés en niveles prohibitivos que le impiden al país colocar nueva deuda, la estrategia de Caputo dependía íntegramente de usar los swaps internacionales para pagar vencimientos de deuda en 2027 y sostener el tipo de cambio. Sin la certidumbre de esa cobertura geopolítica, los números del Palacio de Hacienda dejaron de cerrar para los inversores.
La paradoja del alineamiento oficialista quedó expuesta incluso por analistas del propio campo libertario. El economista Aldo Abram, director de la Fundación Libertad y Progreso, remarcó que las políticas proteccionistas y la escalada arancelaria y bélica impulsadas por Trump perjudicaron el crecimiento global y secaron el financiamiento para Argentina, gatillando una salida de capitales que desfinanció la demanda interna y sumergió al país en la recesión. De esta forma, la única contraprestación que la Casa Rosada obtenía a cambio de la incertidumbre internacional era el aval de Bessent. La pérdida de esa protección geopolítica amenaza con dejar al plan de Caputo desprovisto de herramientas para contener la volatilidad en la antesala de la contienda electoral.