La Casa Rosada lo despidió como una leyenda del rock argentino, pero evitó mencionar que fue una de las voces más duras contra el proyecto libertario. El homenaje oficial omitió justamente aquello que convirtió al Indio en una figura incómoda para el poder.

La muerte de Carlos “Indio” Solari obligó al gobierno de Javier Milei a enfrentarse a una contradicción difícil de resolver. El mismo artista que durante años cuestionó a la dirigencia libertaria, denunció el deterioro social del país y advirtió sobre la violencia política que veía crecer en la Argentina fue despedido por la Secretaría de Cultura con un comunicado tan prolijo como desmemoriado.
El texto oficial destacó su “voz inconfundible”, sus letras y su aporte a la cultura popular. Nada dijo, sin embargo, sobre las críticas que el ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota dirigió contra Milei hasta sus últimas apariciones públicas. Como si el Indio hubiera sido únicamente un músico y no también una figura política y cultural capaz de incomodar a quienes hoy gobiernan.
Un homenaje sin contexto para un artista que nunca calló
La omisión no parece casual. Solari fue una de las personalidades más influyentes del rock argentino que rechazó abiertamente el discurso libertario. Cuestionó el fenómeno que llevó a Milei al poder, alertó sobre el impacto social de sus políticas y llegó a definir el presente argentino como un escenario donde “nos están cagando en la cara”.
Tampoco ocultó su preocupación por la destrucción de la industria nacional ni por el rumbo económico del país. Sus declaraciones generaron irritación en el oficialismo. De hecho, el propio Manuel Adorni salió a responderle públicamente y llegó a sugerir que debía “llamarse a silencio” después de algunas de sus intervenciones más críticas.
Sin embargo, nada de eso apareció en el comunicado difundido por el Gobierno. La despedida oficial eligió quedarse con una versión despolitizada del Indio, reducida a una figura cultural abstracta, despojada de las posiciones que sostuvo durante décadas.
El intento de domesticar una figura que nunca fue cómoda para el poder
Hay algo revelador en la forma en que la Casa Rosada decidió despedirlo. Porque el problema no parece ser reconocer la magnitud artística de Solari. El problema es reconocer qué decía, contra quién lo decía y por qué millones de personas encontraron en sus palabras una forma de interpretar la realidad.
El Gobierno que convirtió la confrontación en método político y que suele responder con agresividad a cualquier crítica eligió despedir al Indio como si nunca hubiera cuestionado a Milei. Como si sus opiniones hubieran sido un detalle menor de su trayectoria.
Pero el Indio fue muchas cosas. Fue músico, compositor y una figura central de la cultura popular argentina. También fue un crítico feroz de los poderes de turno cuando consideró que avanzaban contra la sociedad. Intentar separar una parte de la otra no es un homenaje. Es una forma de reescribir la historia para volverla más cómoda.