El concejal del PRO presentó su “Plan Anti-Fisura” con un discurso cargado de estigmatización, propuestas de exclusión y una polémica comparación con uno de los crímenes que más conmocionó a la ciudad.

Lo que pretendía ser una entrevista para explicar una iniciativa de seguridad terminó convirtiéndose en una exhibición descarnada de prejuicios, estigmatización y desprecio por los sectores más vulnerables. En su paso por el programa “Todo no se puede”, de Radio La Cielo, Nicolás Morzone defendió multas millonarias, habló de expulsar personas de La Plata y llegó a utilizar el femicidio de Agostina para justificar sanciones económicas contra quienes considera una amenaza para el orden público.
Las declaraciones no sólo generaron incomodidad en el estudio. También encendieron alarmas por la naturalidad con la que el edil mezcló conflictos de convivencia urbana con episodios de violencia extrema y crímenes que dejaron marcas profundas en la sociedad platense.
De los “fisuras” a Agostina: una comparación que provocó repudio
Morzone sostiene que los “fisuras” son quienes alteran el orden público. Bajo esa definición difusa incluyó a motociclistas que realizan maniobras peligrosas, personas que ocupan espacios públicos e incluso hinchas que pintan escudos de fútbol en las paredes. Pero el momento más impactante llegó cuando intentó justificar multas de hasta 11 millones de pesos para quienes infrinjan las normas que propone.
Frente a la observación de que una sanción de semejante magnitud podría condenar a una familia entera a la pobreza o al hambre, el concejal respondió con una comparación que desató indignación. Primero apeló al caso de un violador y asesino para defender el castigo económico y luego fue todavía más lejos: “Está lleno de Agostinas que no se resuelven”, afirmó.
La referencia a Agostina, víctima de un crimen que conmocionó a La Plata y reabrió el debate sobre la violencia de género, provocó rechazo inmediato. No sólo porque mezcló un femicidio con infracciones urbanas, sino porque redujo una problemática compleja y dolorosa a un argumento utilizado para defender una política punitiva.
Multas millonarias, expulsión social y una ciudad detrás de las rejas
Las declaraciones sobre Agostina no fueron un exabrupto aislado. Forman parte de una visión más amplia en la que determinados sectores sociales aparecen señalados como enemigos de la ciudad. “Yo no los quiero en La Plata, los quiero afuera”, sostuvo Morzone al explicar el objetivo de las sanciones económicas que impulsa.
La lógica se completa con otra de sus propuestas: cercar plazas y espacios públicos para impedir su uso durante la noche. Según el concejal, lugares emblemáticos como Plaza Moreno, Plaza Malvinas o el Bosque deberían permanecer cerrados porque nadie tendría motivos legítimos para transitarlos de madrugada.
Detrás del discurso del orden emerge una idea preocupante de ciudad. Una ciudad donde la pobreza se castiga con multas impagables, donde la exclusión se presenta como política pública y donde un femicidio puede ser utilizado como recurso retórico para justificar medidas represivas. Más que un plan de convivencia, las palabras de Morzone dejaron al descubierto una concepción que parece encontrar en el castigo, la segregación y el miedo las únicas respuestas posibles a los problemas sociales.