Empresarios, financistas y referentes del establishment empiezan a evaluar alternativas ante el desgaste del Gobierno. La preocupación ya no es ideológica, sino práctica.

El respaldo que alguna vez fue sólido empieza a mostrar fisuras. En el llamado “Círculo Rojo”, la discusión dejó de girar en torno a las ideas y se corre hacia otro terreno: si el experimento de Javier Milei es sostenible en el tiempo.
Señales de desgaste y un modelo que no convence
Los indicadores económicos no acompañan. Caída de la actividad, consumo en retroceso y una inflación que no logra estabilizarse configuran un escenario que inquieta incluso a quienes apoyaron el rumbo inicial.
Las dudas también aparecen dentro del propio universo libertario. El economista Ricardo Arriazu, una de las voces que el Presidente escucha, viene advirtiendo sobre los límites de un esquema que ajusta más rápido de lo que logra recomponer la actividad.
Mientras tanto, el Gobierno responde con confrontación. Denuncias contra el periodismo y acusaciones de conspiración se vuelven parte de una narrativa que choca con una realidad económica que no termina de ordenar expectativas.
El “plan B” empieza a tomar forma
En ese contexto, sectores del poder económico ya analizan alternativas. No buscan un cambio de rumbo, sino de conducción: alguien que mantenga el programa, pero con mayor previsibilidad y menos volatilidad política.
Ese debate quedó expuesto en movimientos y encuentros recientes, como la reunión entre Paolo Rocca y Mauricio Macri, leída como un gesto hacia la construcción de una opción para 2027.
El trasfondo es claro: sostener las reformas que benefician a los sectores concentrados, pero evitar que el desgaste político del Gobierno termine arrastrando todo el esquema.
Con el conurbano bonaerense como punto sensible —donde el desempleo y la caída del consumo golpean con más fuerza—, la discusión sobre la viabilidad del modelo deja de ser teórica y empieza a jugarse en un terreno mucho más concreto, donde los números pesan más que los discursos.