
La salida de Marco Lavagna del INDEC terminó de blanquear una diferencia de fondo dentro del Gobierno. El ministro de Economía, Luis Caputo, confirmó que ni él ni el presidente Javier Milei estaban de acuerdo con la fórmula que el ahora exdirector del organismo proponía para medir la inflación. El argumento oficial es técnico, pero el trasfondo es político: la metodología está desactualizada y su implementación, sostienen, podía generar ruido en pleno proceso de desinflación.
Según explicó Caputo en LN+, el índice que impulsaba Lavagna se apoyaba en una Encuesta Nacional de Hogares realizada entre 2017 y 2018. “En el medio hubo una pandemia y cambios profundos en los hábitos de consumo”, señaló. Para el ministro, ese relevamiento hoy refleja menos la realidad que la medición vigente, una afirmación que deja una conclusión incómoda: lo nuevo no siempre es más preciso.
La decisión oficial es clara. El Gobierno mantendrá el actual índice hasta completar el proceso de desaceleración inflacionaria y recién después avanzará con una nueva encuesta de hogares, diseñada bajo sus propios criterios. Caputo negó cualquier intento de manipulación y atribuyó la renuncia de Lavagna a un desacople de tiempos: el exdirector había anunciado la implementación para enero y, ante la imposibilidad de cumplir, quedó expuesto políticamente.
En ese marco, el ministro adelantó que la inflación de enero —que se conocerá el 10 de febrero— será similar a la de diciembre, que cerró en 2,8%. También buscó llevar calma a los mercados y aseguró que no hubo impacto negativo tras el cambio en el INDEC: los bonos ajustados por inflación, dijo, no solo no cayeron sino que mostraron subas, una señal de confianza en la continuidad del indicador.
Caputo aprovechó la entrevista para volver a defender la apertura de importaciones, especialmente en el sector textil, donde quedó en el centro de la polémica por comparar precios locales con los del exterior. Insistió en que una economía abierta “favorece a la gente” y sostuvo que la discusión no es contra una industria en particular, sino contra un modelo que, según su diagnóstico, dejó años de estancamiento, pérdida de empleo y aumento de la pobreza.
Por último, minimizó las críticas de su exviceministro Joaquín Cottani, quien había cuestionado la reacción oficial tras la salida de Lavagna. Caputo fue directo y despectivo: dijo que su comportamiento fue “muy bajo” y le quitó relevancia política. El mensaje es consistente con el clima general: en el diseño económico del mileísmo no hay espacio para disensos prolongados, ni siquiera en organismos técnicos clave como el INDEC. ¿Alcanza la autoridad política para sostener credibilidad estadística en el tiempo? Esa es la verdadera prueba que empieza ahora.