El Presidente se subió al tenso momento televisivo vivido en el programa de Telefe para denunciar una supuesta emboscada ideológica contra el influencer y volver a cargar contra los medios de comunicación.

La cruzada del presidente Javier Milei contra el trabajo periodístico sumó un nuevo episodio en las últimas horas a raíz de un cruce televisivo en el programa PH Podemos Hablar. El mandatario nacional utilizó sus redes sociales para intervenir en la polémica desatada entre el influencer Santiago Maratea y la periodista Josefina “China” Ansa, denunciando que el episodio en el ciclo conducido por Andy Kusnetzoff no fue más que una maniobra montada contra un invitado por no alinearse con el pensamiento opositor.
La controversia se originó durante una de las consignas habituales del envío de Telefe, cuando la panelista le consultó a Maratea qué recriminación se haría a sí mismo respecto a sus colectas solidarias, haciendo mención puntual al caso del refugio de animales. La consulta desencadenó una reacción tajante por parte del influencer, quien acusó a la periodista de falta de rigor informativo y de guiarse únicamente por versiones mediáticas. El cruce escaló en tensión a tal punto que el resto de los presentes intentó mediar para calmar el clima en el estudio, mientras Maratea cuestionaba la intención detrás de la pregunta y la imposibilidad de defenderse en los tiempos que maneja la televisión.
El mandatario nacional aprovechó la repercusión del hecho para amplificar el relato oficialista de hostilidad mediática, apoyándose en declaraciones del periodista Marcelo Polino que sugerían una indicación de la producción hacia Ansa. En su mensaje, el jefe de Estado sostuvo que situaciones de hostigamiento o encerronas son una práctica habitual en la pantalla chica argentina, especialmente dentro del periodismo político, buscando transformar un desencuentro de un programa de entretenimiento en un argumento a favor de su prédica contra la prensa.
La inmediata adscripción del Presidente al reclamo del influencer vuelve a exponer la estrategia de la Casa Rosada de intervenir en discusiones del espectáculo para validar su propio discurso de confrontación. Al calificar el episodio como un acto de persecución ideológica, la gestión libertaria vuelve a correr el foco de los debates de fondo para alimentar una narrativa de victimización y confrontación directa contra los profesionales de la comunicación.