
La decisión de suspender la actualización de los indicadores del INDEC, tras la renuncia de Marco Lavagna, volvió a sacudir a un mercado sensible a cualquier ruido estadístico. En el sector inmobiliario, la señal encendió interrogantes sobre alquileres, créditos hipotecarios y expensas, aunque los especialistas coinciden en un punto: no habrá efectos inmediatos, pero sí un mensaje inquietante sobre la previsibilidad de los datos oficiales.
En alquileres, el impacto es prácticamente nulo. El arranque de 2025 muestra un escenario más ordenado que el traumático 2024, con inflación más baja y contratos que se ajustan sin sobresaltos. Según Germán Gómez Picasso, de Reporte Inmobiliario, el mercado hoy no tiene margen para reacciones defensivas: “El problema aparece solo si la interrupción se prolonga y se erosiona la confianza en los índices, algo que por ahora no ocurre”. En los pocos contratos cuyo ajuste coincide con estos días, la solución es simple: pagar sin actualización y compensar luego.
Algo similar ocurre con los créditos hipotecarios ajustados por UVA. Para Federico González Rouco, economista de Empiria, la diferencia entre medir inflación con la canasta vieja o la nueva es irrelevante en términos prácticos. Hablamos de décimas, no de saltos. Incluso en escenarios más tensos, como el de 2024, el impacto habría sido moderado. Hoy, con una inflación más predecible, ambas metodologías convergen en resultados muy parecidos.
Donde sí aparece una luz amarilla es en las expensas, un gasto que ya pesa como una losa sobre los hogares. En la Ciudad de Buenos Aires, rondan los $250.000 mensuales, y en la provincia no bajan de $200.000. Para David Loisi, presidente de la Fundación Liga del Consorcista, el freno del INDEC no afecta de manera directa, ya que las expensas dependen de paritarias, contratos y servicios, no de un índice automático.
Sin embargo, el riesgo es otro. Cuando los índices oficiales pierden credibilidad o continuidad, dejan de ser referencia y los ajustes pasan a definirse por expectativas, un terreno históricamente desfavorable para los inquilinos y consumidores. No paraliza la administración de consorcios, pero sí tensiona negociaciones y abre la puerta a aumentos por encima de la inflación real.
El consenso es claro: el mercado inmobiliario hoy resiste el golpe, pero necesita reglas claras y estadísticas confiables para sostener la calma. Sin sobresaltos inflacionarios, el impacto seguirá siendo marginal. El problema no es este mes ni el próximo, sino el mensaje de fondo: sin datos estables, la incertidumbre siempre termina pasando factura. ¿Cuánto tarda en hacerlo? Esa es la variable que nadie puede medir.