El colapso en las pruebas PISA 2025 expone la peor crisis escolar desde 2006. Casi el 80% de los alumnos fracasa en matemática mientras el gobierno de Milei recorta fondos y culpa a gestiones pasadas.

El descalabro del sistema educativo nacional quedó expuesto con una crudeza devastadora tras revelarse las conclusiones de las pruebas PISA 2025 llevadas adelante por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. Los números confirman una caída en picada en las tres áreas evaluadas frente a los niveles registrados en 2022, arrastrando a las escuelas a su nivel más vulnerable desde 2006. La dimensión del fracaso no admite eufemismos: casi ocho de cada diez estudiantes de 15 años son incapaces de resolver cálculos básicos de la vida cotidiana, configurando un cuadro terminal que coincide con el plan de ajuste fiscal, la parálisis de obras y el estrangulamiento presupuestario promovido por la administración libertaria de Javier Milei.
Una debacle en tres materias que hunde al país en la tabla global
El informe elaborado por el observatorio Argentinos por la Educación sobre una muestra representativa de 11.093 adolescentes pertenecientes a 412 instituciones educativas detalló un retroceso del 2,9% en relación con la última edición. En Matemática, la situación adquirió contornos de desastre al registrarse 367 puntos, una marca que arrojó al país a la humillante posición 75 entre 91 sistemas educativos y al octavo puesto sobre trece naciones de América Latina. El 76% del alumnado argentino quedó atrapado por debajo del nivel 2 fijado por la OCDE como umbral mínimo para desenvolverse de manera funcional en la sociedad moderna, mientras que el porcentaje de alumnos con destrezas superiores quedó prácticamente reducido a cero.
La hemorragia académica se replicó con igual dramatismo en las otras disciplinas analizadas por los técnicos internacionales. En Lectura, el promedio cayó a 389 puntos frente a los 401 de 2022, dejando al 59% de los jóvenes sin comprensión lectora elemental y relegando a la Argentina al puesto 62 del mundo. En Ciencias, la debacle significó un retroceso de 13 puntos para estacionarse en 393, ubicando a la delegación argentina en el escalón 71 del ranking internacional. Martín Nistal, director del observatorio, advirtió que la juventud escolarizada ni siquiera logra resolver una regla de tres simple o formular ecuaciones cotidianas, consolidando un retroceso sostenido que destruye el horizonte de desarrollo productivo y soberanía del país.
El discurso libertario para tapar el desfinanciamiento
Ante el escándalo pedagógico, el Ministerio de Capital Humano a cargo de Sandra Pettovello optó por una coartada habitual antes que por un plan de salvataje urgente. La cartera oficial emitió un documento donde atribuyó la debacle de forma exclusiva a las políticas aplicadas por los gobiernos anteriores, acusando al kirchnerismo de haber arruinado la cultura escolar y escudándose en una supuesta declinación global de los rendimientos juveniles. Para la comunidad educativa, la respuesta oficial resulta una provocación flagrante frente a una gestión que recortó transferencias no automáticas a las provincias, suprimió el Fondo Nacional de Incentivo Docente, congeló programas de entrega de tecnología y recortó la infraestructura edilicia bajo el dogma del déficit cero.
El intento oficial de lavarse las manos se desmorona frente a la gravedad del cuadro de situación que denuncian tanto docentes como directivos y familias en todo el territorio nacional. En lugar de ejecutar inversiones prioritarias en capacitación, recursos pedagógicos y recomposición salarial para contener la fuga de profesionales, el Ejecutivo se aferra a promesas genéricas sobre transformaciones estructurales mientras la escuela pública asiste asfixiada a su mayor crisis contemporánea. Lejos de ser un fenómeno abstracto del pasado, el desmoronamiento en las PISA 2025 desnuda el costo irreparable de concebir a la educación como un simple gasto pasible de ser podado con la motosierra.