
La fractura económica que atraviesa a la Argentina tiene una consecuencia cada vez más evidente: la clase media —históricamente el “colchón” social del país— ya no llega a fin de mes sin sacrificar patrimonio o asumir deudas. Un informe del Instituto Argentina Grande reveló que el 53% de los hogares de ingresos medios debió recurrir a ahorros, vender pertenencias o tomar deuda durante el segundo trimestre de 2025, un indicador que profundiza el deterioro del poder adquisitivo en plena vigencia del programa económico del Gobierno.
Según el estudio, el 40% de las familias de clase media utilizó sus ahorros, una señal inequívoca de que el ingreso disponible ya no cubre los gastos corrientes. El 9% directamente se vio obligado a vender bienes —desde electrodomésticos hasta vehículos—, un fenómeno que suele crecer en momentos de crisis y que hoy vuelve a ser parte del paisaje económico. A esto se suma que uno de cada cuatro hogares (25%) se endeudó con bancos o prestamistas privados, estirando los plazos de pago para cubrir gastos básicos como alquiler, salud o educación.
El deterioro financiero no se limita al endeudamiento informal. El 18% de la clase media tomó créditos formales, incluso con tasas efectivamente impagables. El dato es alarmante: la morosidad en préstamos personales alcanzó un histórico 9,1%, niveles que no se observaban desde la crisis de 2001-2002. Los economistas que siguen estas cifras advierten que el crecimiento del crédito “para vivir” —y no para invertir o desarrollar actividad productiva— es un síntoma de fragilidad estructural.
En este contexto, distintos analistas señalan que la política económica del Gobierno, centrada en el ajuste fiscal y el ordenamiento monetario, está teniendo efectos más profundos sobre la clase media que sobre cualquier otro sector. Los ingresos pierden frente a la inflación reprimida, los salarios reales continúan planchados y la recomposición prometida aún no llega a la vida cotidiana. Mientras tanto, crecen los gastos dolarizados, como medicamentos, cuotas educativas, servicios y alquileres.
La situación se agrava por un fenómeno adicional: el consumo cayó, pero los precios no retroceden. Supermercados y comercios registran bajas de ventas de entre 10% y 20%, pero las grandes cadenas mantienen márgenes altos ante un mercado interno deprimido. En paralelo, las tarifas continúan su sendero de actualización y los servicios privados indexan según inflación.
Frente a este escenario, los especialistas advierten que la clase media se está transformando en el sector “sándwich” del ajuste: no recibe asistencia estatal, pero tampoco tiene ingresos suficientes para sostener su nivel de vida. Y lo más preocupante es que el deterioro patrimonial acumulado —ahorros gastados, bienes vendidos, deudas crecientes— podría tardar años en recuperarse, incluso si la macroeconomía se estabiliza.