
En medio de una Cámara de Diputados en plena mutación, un grupo de gobernadores peronistas que hace tiempo se distanció del cristinismo decidió mover primero. Gustavo Sáenz (Salta), Raúl Jalil (Catamarca), Hugo Passalacqua (Misiones) y Osvaldo Jaldo (Tucumán) activaron conversaciones para armar un espacio legislativo propio, capaz de representar intereses provinciales sin quedar rehén de la estructura de Unión por la Patria. La apuesta es clara: construir un poder federal autónomo que les permita negociar con el Ejecutivo sin intermediarios y con volumen político real.
Detrás del operativo hay dos factores que los gobernadores ya no disimulan. Por un lado, la desconfianza hacia la conducción kirchnerista, que en los últimos años administró la agenda legislativa con escaso oído a las demandas del interior. Por el otro, el avance del oficialismo libertario en la Cámara baja, donde la figura de Martín Menem consolidó un eje de poder que obliga a las provincias a ordenarse para no quedar pulverizadas en un Congreso hiperfragmentado. El diagnóstico es compartido: quien llegue dividido a la mesa de negociación, pierde.
Mientras mantienen una relación pragmática con el presidente de Diputados, con el ministro del Interior Diego Santilli y con el estratega Santiago Caputo, los gobernadores aceleran definiciones antes del recambio parlamentario. Admiten que los proyectos que impulsa Milei —Presupuesto, reforma fiscal, ley de glaciares, cambios laborales— funcionan como un pegamento coyuntural, pero advierten que el desafío es construir un bloque amplio y estable, capaz de soportar tensiones sin fracturarse en la primera votación relevante. La Casa Rosada, repiten, intentará dividirlos.
La reciente cumbre del Norte Grande, organizada por Gerardo Zamora, reforzó la idea de avanzar hacia una coordinación regional que trascienda las etiquetas partidarias. El documento final, que reivindicó el “diálogo permanente hacia una agenda común”, marcó un gesto político hacia el Gobierno nacional: las provincias quieren ser parte de la discusión, no simples espectadoras. En ese clima, Jalil celebró la posibilidad de una región “más unida y con mayor presencia federal”, sintetizando el espíritu del armado que buscan trasladar al Congreso.
Uno de los motores del proyecto es Sáenz, que ya empuja un espacio bautizado tentativamente País Federal, donde podrían converger no solo los legisladores propios y los misioneros, sino también libertarios dialoguistas y referentes menores que buscan una identidad estable. El objetivo inmediato es superar los 12 diputados, el umbral que permite disputar comisiones estratégicas y ganar peso en las bicamerales. La ingeniería es delicada: provincias como Santiago del Estero y Catamarca evalúan dividir sus bancadas para no apostar todo a una sola jugada.
En paralelo, el Senado ofrece un antecedente: el bloque Convicción Federal, integrado por referentes que rompieron con el PJ y se alinean con la agenda del Norte Grande. Ese modelo podría replicarse en Diputados, ya sea como bloque propio o como interbloque flexible. Lo cierto es que, a pocos días de la jura legislativa, los gobernadores buscan escapar de la órbita kirchnerista, evitar quedar a merced del mileísmo y reconstruir un poder federal capaz de equilibrar un escenario político cada vez más centralizado.