La Ciudad registró una suba del 2,2%, empujada por aumentos en frutas, indumentaria y gastos de vivienda. En un contexto donde los salarios pierden terreno, el costo de vivir en la capital sigue subiendo mes a mes.

La inflación en la Ciudad de Buenos Aires volvió a marcar el pulso del mes: octubre cerró con un aumento del 2,2%, el mismo nivel que en septiembre, pero aún lejos del 1,6% registrado en agosto. El dato no llega solo: en lo que va del año, el costo de vivir en la Ciudad ya aumentó 25,3%, y la comparación interanual trepa al 33,6%. La tendencia se mantiene firme, sostenida en los rubros que hacen a lo cotidiano: comer, vestirse, habitar un espacio, moverse.
El informe del Instituto de Estadística y Censos porteño deja claro que los alimentos volvieron a ser protagonistas. Las frutas lideraron los aumentos, con saltos que se sintieron en cada feria y supermercado. Les siguieron los panificados, los aceites, las carnes. La mesa de todos volvió a encarecerse, incluso en un contexto en el que los ingresos reales se achican y el consumo se retrae.
La ropa también volvió a subir y lo hizo con fuerza, en particular en un mes signado por el recambio de temporada. Y en paralelo, los combustibles y los autos empujaron el alza del transporte, sumando otro capítulo al encarecimiento general del movimiento urbano.
Pero donde el impacto es más profundo es en los Servicios, que crecieron apenas por debajo, un 2,1%, pero con un peso específico mayor en el día a día. Restaurantes y casas de comida, cada vez más inaccesibles para la rutina. Alquileres y gastos comunes, que se ajustan con una inercia que no reconoce pausas. Prepagas y cuotas escolares, que siguen desfasándose respecto del salario. Es allí donde la clase media vuelve a sentir el golpe: no se trata solo de cuánto sale un producto, sino de cuánto cuesta sostener un modo de vida.
Las caídas en los pasajes aéreos, un dato aislado, apenas sirvieron para amortiguar una dinámica que avanza por canales más profundos. Según el informe, los Servicios ya aumentaron 29,2% en lo que va del año, mientras que los Bienes lo hicieron al 19,3%. La brecha habla por sí sola.
En síntesis, la inflación en la Ciudad no afloja y lo hace en un contexto donde la economía nacional transita ajustes, reacomodamientos tarifarios y tensiones cambiarias que se trasladan al mostrador. La consecuencia es concreta: la vida urbana es cada vez más cara, y el bolsillo porteño lo sabe mejor que nadie.