La semana del 16 al 23 de febrero se abre con un eclipse que no sacude desde afuera, sino que revela desde adentro. Con el Sol y Venus en Piscis y Saturno dando sus primeros pasos en Aries, la sensibilidad exige madurez y límites. No es tiempo de apurarse: primero integrar, después decidir.

La magia de la semana del 16 al 23 de febrero se abre como un umbral silencioso, uno de esos pasajes donde el tiempo parece ralentizarse para que la conciencia alcance a comprender lo que el alma ya intuía. Es ese momento en que “te das cuenta” o surge un “te lo dije“. Venimos de días intensos, con Venus disuelta en Piscis y Saturno recién inaugurando Aries, y el clima ya no es de impulso sino de revelación. Algo se está cerrando, aunque todavía no tenga nombre, y algo nuevo comienza a gestarse en una dimensión más profunda que visible.
El 17 de febrero se inscribe como el latido central de la semana con el primer eclipse del año, una interrupción simbólica que no destruye sino que revela. Los eclipses no traen ruido exterior inmediato, traen claridad emocional diferida. En lo social, pueden sentirse tensiones sutiles, decisiones que cambian de dirección o relatos colectivos que empiezan a mostrar fisuras. En lo personal, el eclipse opera como un espejo, ilumina aquello que sostenemos por costumbre, por miedo o por apego. La recomendación astrológica es clara: no forzar respuestas definitivas, no actuar desde la ansiedad, no tomar decisiones irreversibles en pleno movimiento energético. Observar es una forma de sabiduría.
La atmósfera se vuelve aún más introspectiva cuando el Sol comienza su tránsito por Piscis, inaugurando la temporada pisciana y cerrando el ciclo zodiacal. Con el Sol en Piscis, el cielo nos invita a disolver el exceso de control y a entrar en un estado de escucha profunda. La racionalidad cede espacio a la intuición, y lo que no se entiende mentalmente empieza a sentirse con mayor intensidad en el cuerpo, en los sueños y en las emociones fluctuantes. A nivel colectivo, esta energía favorece procesos de sensibilidad social, empatía y cuestionamiento de estructuras rígidas, aunque también puede traer confusión o discursos ambiguos. A nivel personal, la clave es aceptar que no todo debe resolverse ahora: algunas respuestas necesitan madurar en silencio.
La Luna Nueva en Acuario, vibrando aún en el campo energético de la semana, siembra una semilla de futuro en medio de un clima emocional profundo. Es una paradoja celestial: mientras Piscis invita a soltar, Acuario siembra nuevas visiones. Esto genera una sensación interna de transición entre lo viejo que se desvanece y lo nuevo que todavía no tiene forma. Socialmente, se perciben cambios en la manera de pensar lo colectivo, nuevas narrativas, replanteos sobre el rol individual dentro del grupo. Personalmente, es un excelente momento para plantar intenciones, pero sin ansiedad por ver resultados inmediatos. Lo sembrado ahora será comprendido meses después.
Mercurio en Piscis sigue coloreando la comunicación con simbolismo, intuición y cierta dispersión mental. No es una semana para discusiones lógicas rígidas, porque el lenguaje emocional predomina sobre el racional. Malentendidos, olvidos o reinterpretaciones pueden aparecer, no como errores, sino como señales de que la mente está funcionando en otra frecuencia. La recomendación es hablar con honestidad emocional y evitar suposiciones. Escuchar entre líneas será más importante que responder rápido.
Venus en Piscis continúa expandiendo la sensibilidad afectiva, volviendo los vínculos más empáticos pero también más vulnerables a idealizaciones. Las relaciones atraviesan una especie de filtro espiritual ya que lo superficial pierde fuerza, lo auténtico se intensifica. A nivel social, crecen las narrativas de cuidado, empatía y conexión humana, pero también las decepciones cuando la realidad no coincide con la expectativa emocional. A nivel personal, el aprendizaje es amar sin perder límites, sentir sin disolverse, acompañar sin rescatar.
Saturno en Aries, en sus primeros pasos, trabaja en silencio pero con firmeza. Es una energía que no se percibe como presión externa inmediata, sino como una responsabilidad interna que comienza a despertarse. Decisiones que antes se postergaban ahora piden estructura, y los impulsos necesitan dirección. Esta combinación entre el agua pisciana y el fuego saturnino en Aries crea una alquimia compleja: sensibilidad profunda con necesidad de acción madura. No se trata de reaccionar emocionalmente, sino de actuar con conciencia emocional.
Hacia el final de la semana, la energía se vuelve más contemplativa que resolutiva. El cielo parece decir: “no te apures a entender, primero integra”. Es un periodo ideal para trabajar el descanso psíquico, la introspección, la escritura, la meditación o cualquier práctica que permita procesar lo vivido durante el eclipse. Socialmente, conviene evitar posturas extremas o decisiones colectivas impulsivas, porque la percepción todavía está ajustándose al nuevo clima energético.
Esta no es una semana de conquistas visibles, sino de movimientos internos decisivos. Lo que se suelta ahora no siempre se ve de inmediato, pero libera espacio energético para el nuevo ciclo que comenzará a consolidarse en los próximos meses. El consejo del cielo es profundamente pisciano y saturnino a la vez: sensibilidad con responsabilidad, intuición con límites, pausa con conciencia. Porque cuando el cielo eclipsa la luz, no es para oscurecer el camino, sino para enseñarnos a ver desde otro nivel de verdad.