La salida de Carlos Casares, tras quedar afuera del nuevo ente unificado de energía, expone internas, malestar y una seguidilla de renuncias que profundiza las turbulencias en la gestión de Javier Milei.
La crisis interna del Gobierno nacional sumó un nuevo capítulo con la renuncia indeclinable de Carlos Casares, hasta ahora interventor del Ente Nacional Regulador del Gas (Enargas), quien decidió dar un paso al costado luego de quedar excluido del directorio del Ente Nacional Regulador del Gas y la Electricidad (ENRGE), el organismo que unificará los entes energéticos.
Con esta salida, la administración de Javier Milei alcanza los 212 funcionarios desplazados desde diciembre de 2023, un número que refleja un nivel de inestabilidad cada vez más difícil de disimular. La situación se agravó en las últimas 24 horas, período en el que se registraron cinco renuncias dentro del Ejecutivo, un dato que encendió alarmas incluso en sectores aliados.
La dimisión de Casares se suma a las del secretario de Transporte, Luis Pierrini; los presidentes de Trenes Argentinos Operaciones e Infraestructura, Gerardo Boschín y Leonardo Comperatore; y el titular de la Unidad de Información Financiera (UIF), Paul Starc. El patrón se repite: salidas abruptas, tensiones internas y explicaciones oficiales que no logran despejar las dudas.
En el caso del ahora exinterventor del Enargas, la ruptura fue explícita. Casares, ingeniero y uno de los pocos funcionarios de primera línea que se mantenía en su cargo desde el inicio de la gestión libertaria, expresó su malestar en una dura carta de renuncia. Allí dejó en claro su sorpresa por no haber sido convocado para integrar el directorio del ENRGE, pese a haberse postulado para presidirlo o ejercer la vicepresidencia.
Finalmente, Casa Rosada optó por designar a Néstor Lamboglia, actual interventor del ENRE, como máxima autoridad del nuevo organismo, que absorberá las funciones del Enargas y el ENRE a partir del 1° de marzo de 2026.
“Entiendo que no he satisfecho vuestras expectativas y/o no cuento ya con vuestra confianza. El Gobierno me considera prescindible”, escribió Casares, dejando al descubierto el clima de desconfianza que atraviesa al área energética.
Desde el Ejecutivo insisten en que se trata de una “renovación de gestión”, aunque crecen las versiones sobre más cambios inminentes y una crisis que, lejos de cerrarse, parece profundizarse.