Aunque la inflación mostró una desaceleración en abril y mayo, la mejora no llegó a las mesas de los sectores populares. El endeudamiento y la caída del poder adquisitivo profundizan la inseguridad alimentaria.

La baja en el ritmo de aumento de los precios se convirtió en uno de los principales argumentos económicos del gobierno de Javier Milei. Sin embargo, detrás de los indicadores macroeconómicos emerge una realidad mucho más dura: cada vez más familias bonaerenses se ven obligadas a reducir comidas, reemplazar alimentos nutritivos por opciones más económicas o directamente dejar de consumir productos básicos para llegar a fin de mes.
La inflación baja, pero la alimentación empeora
Un relevamiento del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCI) reveló que ocho de cada diez familias dejaron de consumir alimentos esenciales durante los últimos meses. El informe advierte que la desaceleración de los precios registrada en mayo no logró revertir el deterioro acumulado sobre los ingresos de los sectores populares.
Según el Índice Barrial de Precios, los alimentos esenciales aumentaron apenas 1,52% durante mayo. Sin embargo, una familia tipo necesitó $630.419 para cubrir la Canasta Básica Alimentaria y más de $1,4 millones para afrontar la Canasta Básica Total. En ese contexto, el 66% de los hogares aseguró haber eliminado al menos una comida diaria por razones económicas.
La consecuencia es visible en los barrios populares del Conurbano y del interior bonaerense, donde el ajuste dejó de reflejarse únicamente en el consumo de bienes durables y comenzó a impactar de lleno sobre la alimentación cotidiana.
Endeudarse para comer y comer cada vez peor
El informe también expone una tendencia cada vez más extendida: el crecimiento del endeudamiento familiar. Préstamos, tarjetas de crédito, compras fiadas y mecanismos de financiamiento informal se transformaron en herramientas habituales para afrontar gastos corrientes.
Al mismo tiempo, varios de los productos más consumidos continuaron registrando aumentos por encima del promedio. La leche acumuló una suba del 25% en lo que va de 2026, mientras que el azúcar, el pan y las lentejas superaron el 15%. En verdulería, la cebolla aumentó 40%, la acelga y la papa 30%, y las manzanas 16,6%. En carnes, los cortes más económicos encabezaron las subas, con incrementos de hasta 32,7%.
La combinación entre ingresos deteriorados, alimentos básicos cada vez más caros y un endeudamiento creciente configura una escena preocupante. La inflación puede haber dejado de correr al ritmo de meses anteriores, pero para millones de familias bonaerenses la urgencia sigue siendo la misma: sostener una alimentación adecuada en un contexto donde el dinero alcanza cada vez menos.