El Gobierno aplicó aumentos parciales en los tributos y postergó el resto para junio, en un intento por contener el impacto inflacionario.

El precio de los combustibles vuelve a quedar en el centro de la escena. A partir del 1° de mayo, los valores de la nafta y el gasoil tendrán presión alcista tras una nueva actualización impositiva definida por el Ejecutivo.
Aumentos parciales y subas postergadas
A través del Decreto 302/2026, el Gobierno dispuso incrementos en el Impuesto sobre los Combustibles Líquidos y al Dióxido de Carbono. En el caso de las naftas, el ajuste será de $10,398 en el tributo principal y de $0,637 en el componente ambiental.
Para el gasoil, los aumentos serán de $9,269, con un adicional diferencial de $5,019, y $1,056 en el impuesto al dióxido de carbono. Se trata de una actualización parcial: el resto de las subas pendientes, correspondientes a períodos anteriores, se trasladará recién en junio.
La medida fue firmada por Javier Milei, junto al jefe de Gabinete Manuel Adorni y el ministro de Economía Luis Caputo.
Menor consumo y tensión sobre los precios
La decisión llega pocos días después de que YPF anunciara una estabilidad en sus precios por 45 días, en un contexto marcado por la suba internacional del petróleo vinculada a conflictos en Medio Oriente.
El esquema muestra una tensión clara: por un lado, el Gobierno intenta dosificar el impacto de los aumentos para no acelerar aún más la inflación; por otro, necesita actualizar impuestos que venían retrasados.
En paralelo, el mercado ya muestra señales de desgaste. En marzo, las ventas de combustibles cayeron 1,8% interanual, con un retroceso más marcado en las naftas. Los productos más económicos fueron los más afectados, lo que refuerza un patrón que se repite en distintos sectores: el consumo se ajusta primero por abajo.
El nuevo esquema impositivo empieza a regir en mayo, pero deja planteado un escenario abierto para junio, cuando se sumen las subas pendientes y el impacto pueda sentirse con más fuerza.