Miles de mujeres y diversidades participaron del 38° Encuentro Plurinacional en Corrientes, una movilización histórica que reafirmó la defensa de derechos y la organización colectiva frente al avance de políticas que impactan especialmente en los sectores más vulnerados.

Corrientes se convirtió en un escenario decisivo para el feminismo argentino con la realización del 38° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersex y No Binaries. Lo que ocurrió este año fue más que una reunión masiva: fue una demostración de fuerza política en un contexto marcado por retrocesos institucionales y el avance de discursos que buscan desmantelar derechos conquistados. Miles de personas viajaron desde todo el país para encontrarse, debatir y fortalecer estrategias de resistencia ante la agenda conservadora impulsada por el gobierno de Javier Milei.
Este Encuentro, que ya cuenta con casi cuatro décadas de historia, volvió a reafirmarse como un espacio fundamental para analizar el impacto del ajuste, la violencia de género, el odio hacia las diversidades y el desmantelamiento de políticas públicas que habían logrado avances significativos en los últimos años. La tradición de autogestión, horizontalidad y construcción colectiva se sostuvo con firmeza, demostrando que la organización feminista continúa siendo un pilar central para enfrentar los desafíos actuales.
Uno de los momentos más potentes se vivió durante la marcha inaugural, donde miles de voces denunciaron los travesticidios, los transfemicidios y los lesbicidios, exigiendo justicia y políticas efectivas. La presencia de consignas que señalaban el rol del gobierno en el retroceso de derechos dejó en claro que el movimiento no esquiva el análisis político del momento. La movilización transformó las calles de Corrientes en un grito colectivo que expuso el malestar ante el ajuste, la estigmatización y el abandono estatal.
El Encuentro también estuvo atravesado por las experiencias de trabajadoras precarizadas, migrantes, sindicalistas y jóvenes que llegaron desde provincias atravesadas por la violencia machista y la crisis económica. Para muchas, este espacio funcionó como un respiro y un motor para seguir organizándose en sus territorios ante el avance del desempleo, el recorte de programas esenciales y la pérdida del poder adquisitivo.
La apertura del Encuentro dio inicio a 116 talleres donde se abordaron problemáticas urgentes: los femicidios y la violencia de género, el impacto de las políticas de ajuste, el extractivismo y su vínculo con la vida de mujeres y comunidades indígenas, el desfinanciamiento de áreas de género, la situación de las diversidades, la educación sexual integral, los derechos laborales y la exigencia por la aparición con vida de Loan. Lejos de fragmentarse, el movimiento fortaleció su identidad colectiva y apostó a la construcción de estrategias federales de acción.
Las organizaciones sindicales desempeñaron un rol destacado, especialmente en un contexto donde la reforma laboral y las modificaciones previsionales y tributarias afectan directamente a mujeres y diversidades. Se remarcó que la lucha feminista también es una lucha de clase: quienes viven en situaciones de mayor vulnerabilidad son quienes primero sienten los efectos del ajuste. En ese sentido, la consigna de “organizar la rabia” tomó un sentido político profundo, transformándose en llamado a la movilización sostenida.
El Encuentro también se transformó en un espacio de memoria, donde se reivindicaron figuras históricas del feminismo y se reclamó justicia por víctimas de violencia extrema. La exigencia por la aparición de Loan marcó un consenso transversal, evidenciando que el dolor colectivo puede transformarse en fuerza para exigir respuestas estatales concretas.
Frente a la avanzada conservadora que pretende recortar derechos, el movimiento respondió con organización, creatividad y compromiso. Corrientes dejó un mensaje contundente: la resistencia feminista no retrocede. La masividad del Encuentro demostró que las luchas por la igualdad, la diversidad y la justicia continúan vivas, incluso en escenarios adversos.
El 38° Encuentro Plurinacional dejó una certeza: las calles, los talleres y las redes que se construyen año tras año seguirán siendo la herramienta para enfrentar políticas que profundizan la desigualdad. En un país tensionado por decisiones que afectan a los sectores más vulnerados, el feminismo volvió a demostrar que su fuerza radica en la colectividad, en la memoria activa y en la convicción de que ningún derecho se defiende en soledad.