La elección legislativa del 26 de octubre dejó un mapa político reconfigurado y con una tendencia evidente.

La Libertad Avanza profundizó su presencia en distritos donde logró anclar discurso, alianzas y estructura territorial, especialmente en el interior productivo y en sectores urbanos de clase media. Al analizar los resultados, aparece un top de municipios y departamentos donde el oficialismo logró sus porcentajes más altos, mostrando zonas de adhesión consolidada y dinámicas distintas a las que se observan en las capitales provinciales.
El caso más contundente se dio en la Antártida Argentina, donde el voto libertario superó el 93% de los sufragios. Aunque se trata de un distrito de baja densidad poblacional, el resultado se transformó en un símbolo político: un triunfo absoluto en un territorio de alta impronta estatal y militar, donde la oposición quedó reducida a cifras marginales.
El segundo puesto de mayor respaldo se registró en Diamante (Entre Ríos), donde LLA —en alianza con el PRO— alcanzó el 62,62%, duplicando con holgura al peronismo local. Lo mismo sucedió en Coronel Rosales (Buenos Aires), donde la lista encabezada por Diego Santilli llegó al 61,62%, triplicando al kirchnerismo y reflejando una sintonía ideológica con una zona históricamente ligada a las Fuerzas Armadas y al sector naval.
La tendencia se replica en distritos urbanos de alto ingreso como la Comuna 2 (Recoleta) en la Ciudad de Buenos Aires, donde la lista libertaria alcanzó el 60,95%, consolidando su anclaje en sectores profesionales de clase media urbana con fuerte impronta antiestatal y pro-mercado. Y continúa en el interior cuyano: Luján de Cuyo (Mendoza) registró el 60,84%, resultado apoyado en la alianza con el radicalismo provincial y una agenda económica ligada a Vaca Muerta y el desarrollo energético.
El ranking se completa con Villarino, Pinamar, Puán y Saavedra —todos en territorio bonaerense— y con la capital mendocina, donde LLA también se impuso con márgenes amplios. En conjunto, estos resultados muestran un patrón: núcleos de voto libertario fuerte en zonas agrícolas, energéticas, turísticas y urbanas de clase media consolidada.
En el otro extremo del mapa, el peronismo obtuvo sus porcentajes más altos en departamentos de Formosa, Tucumán, La Rioja y La Pampa, donde gobierna hace décadas y mantiene estructura territorial, dependencia económica del empleo estatal y redes de representación territorial que aún resisten. En Ramón Lista (Formosa), por ejemplo, el oficialismo local alcanzó el 85,85%, uno de los márgenes más amplios del país.
La elección deja entonces dos geografías políticas claras:
– LLA domina donde el discurso de desregulación y “orden económico” encuentra terreno en sectores productivos y urbanos activos.
– El peronismo conserva poder en territorios donde el Estado es empleador, garante social y estructura de cohesión comunitaria.
El 2025 no solo definirá bancas: definirá cuál de estos dos mapas se expande sobre el otro.