Con un planteo inteligente y la jerarquía de Di Lollo, Merentiel y un golazo de Paredes, el equipo de Arruabarrena dio vuelta la semifinal en Brasil, se impuso por 3-1 y definirá el certamen continental en Colombia.

El sueño de Boca en la Copa Sudamericana tendrá su función definitoria en tierras colombianas. En una noche épica en Río de Janeiro, el conjunto argentino superó 3-1 a Vasco da Gama en un imponente pero deteriorado estadio Maracaná, sellando la clasificación a la ansiada final del certamen internacional.
La cita en territorio brasileño representaba un examen de máxima exigencia para el equipo dirigido por Rodolfo Arruabarrena. El entrenador boquense asumió un riesgo considerable al disponer el inicio del encuentro con Leandro Paredes en el banco de suplentes, reservando al estandarte del plantel para el tramo decisivo en medio de un calendario repleto de compromisos en todos los frentes.
El reducto carioca montó un marco imponente de humo, cotillón y estruendo para acorralar al visitante. Sin embargo, los dirigidos por el “Vasco” hicieron valer su personalidad y la calurosa presencia de los cuatro mil hinchas argentinos que coparon las tribunas del templo futbolístico.
La paridad de la serie duró apenas tres minutos. Un tiro de esquina ejecutado con precisión por Blanco encontró el salto certero de Lautaro Di Lollo, quien le ganó la posición a Santiago Sosa para clavar un cabezazo letal que niveló el marcador global y desató el festejo xeneize.
El impacto descolocó al elenco brasileño y Boca apretó el acelerador. Tras una combinación colectiva entre Blanco y Merentiel, el juvenil Flores estuvo cerca de ampliar la ventaja ante la salida del arquero local. Vasco intentó reaccionar mediante transiciones rápidas conducidas por Lescano y Sosa, pero la defensa boquense logró neutralizar los embates.
El trámite del partido mantuvo una intensidad altísima. Con el colombiano Villa y Flores aportando desborde y despliegue por las bandas, más la contención en mitad de cancha liderada por Ascacíbar, Delgado y Battaglia —reemplazante de Paredes—, Boca contuvo los ataques del rival. Pese a algunos sofocones generados por la vía aérea mediante centros cruzados de Paulo Henrique, el equipo argentino respondió con jerarquía.
Tras desaprovechar un contragolpe claro, Villa se reivindicó asistiendo magistralmente a Miguel Merentiel. El delantero uruguayo definió con la lucidez que lo caracteriza ante la salida de Leo Jardim para poner el 2-1 en el partido, revertir la serie global y transformar la efervescencia del público local en un murmullo generalizado de nerviosismo.
En el segundo tiempo, Vasco da Gama adelantó sus líneas de forma masiva en busca del empate, dejando espacios para las réplicas del equipo argentino. Arruabarrena movió el banco e hizo ingresar a Paredes por Battaglia, pero cuando el partido parecía controlado, un descuido defensivo le permitió a José Luis Rodríguez ganar la espalda de Flores y anotar la igualdad para el dueño de casa, encendiendo nuevamente las alarmas en el conjunto de la Ribera.
En el momento de mayor presión, el cuerpo técnico boquense renovó el ataque con los ingresos de Velasco y el ecuatoriano Valencia. Sin embargo, la gran figura de la noche fue Leandro Paredes. Apenas once días después de haber sufrido un desgarro, el capitán xeneize tomó la pelota en las inmediaciones del área y sacó un zapatazo envenenado con comba que venció las manos del guardameta brasileño, decretando el 3-1 definitivo y sellando la gloriosa clasificación de Boca a la final en Barranquilla.