Tras encabezar un acto en Avellaneda, el gobernador bonaerense advirtió sobre la destrucción del aparato productivo, la ciencia y la industria a manos de la Casa Rosada.

La avanzada desreguladora y el desmantelamiento productivo que encabeza Javier Milei encontraron una respuesta contundente en el principal distrito del país. Tras liderar una masiva convocatoria política en la localidad de Avellaneda, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, trazó un crudo diagnóstico sobre el deterioro institucional y social que atraviesa la Argentina, llamando a forjar una alternativa de gobierno abarcativa que supere los límites tradicionales del peronismo para disputarle el poder al oficialismo en las elecciones de 2027. Lejos de reducir el desafío a una mera especulación electoral, el mandatario bonaerense calificó de urgente la tarea de frenar el programa ultraliberal, advirtiendo de forma categórica que la continuidad del actual mandatario por un nuevo período constitucional significaría una calamidad sin retorno para el destino de la Nación.
En su intervención, Kicillof fue tajante al señalar que el repudio ciudadano a las medidas de Balcarce 50 no se traducirá por sí solo en una victoria en las urnas si no existe una propuesta programática con anclaje real en la sociedad. Rechazando de plano las armados políticos conducidos a control remoto y las especulaciones de palacio, el gobernador remarcó que el Movimiento Derecho al Futuro viene recorriendo el territorio para consolidar una construcción militante y participativa. Aunque consideró prematuro apurar candidaturas en esta etapa, insistió en que la dirigencia opositora tiene la obligación histórica de ofrecer certezas a los sectores castigados por la recesión, estableciendo desde ahora que el rumbo económico de una futura gestión debe fundarse de manera irrenunciable sobre la defensa del trabajo argentino y la reactivación de la industria nacional.
La crítica al esquema libertario apuntó de lleno al corazón de su matriz extractiva. Kicillof denunció que el Ejecutivo nacional ejecuta una política deliberada para primarizar la economía argentina, reinstalando una versión degradada del antiguo modelo agroexportador del siglo diecinueve combinada con la explotación foránea de hidrocarburos y minería sin agregado de valor. De acuerdo con el gobernador, este retroceso colonial explica el ensañamiento de la administración de Milei contra las universidades públicas, el sistema científico y los desarrollos de innovación tecnológica, áreas a las que el dogma oficial considera gastos descartables al pretender transformar al país en un mero enclave exportador de recursos naturales en bruto, vaciado de soberanía productiva y empleo calificado.
El gobernador bonaerense también desarmó la propaganda gubernamental en torno a la supuesta lluvia de capitales promovida a través del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones. Kicillof fustigó los privilegios impositivos y cambiarios otorgados a multinacionales sin exigir contraprestaciones ni encadenamientos con la industria local, remarcando que mientras la Casa Rosada anuncia pomposamente proyectos por cien mil millones de dólares, los fondos efectivamente ingresados apenas arañan una fracción insignificante. Frente a cifras de inversión extranjera directa a las que catalogó de paupérrimas en comparación histórica y regional, el mandatario alertó que el país se encuentra rehén de una timba financiera que rifa recursos estratégicos mientras las fábricas bajan sus persianas, ratificando la necesidad urgente de organizar una mayoría popular capaz de frenar el descalabro libertario.