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Malvinas por conveniencia: el giro de Milei entre la subordinación a Trump y el eco de Galtieri

Por infolitica

Tras tres años de desmalvinización y entrega de recursos, el Presidente Javier Milei utiliza la causa nacional como cortina de humo ante la crisis económica y el mandato geopolítico de Donald Trump.

Milei

El alineamiento geopolítico sin fisuras de Javier Milei con los Estados Unidos acaba de empujar a la diplomacia argentina a una contradicción histórica sin precedentes. Tras casi tres años de gestión signados por el desdén al reclamo soberano, la reivindicación pública de Margaret Thatcher y la defensa abierta del derecho de autodeterminación de la población implantada en las islas, el Presidente recurrió a una sorpresiva cadena nacional para sobreactuar un fervor patriótico inédito. La repentina preocupación por el Atlántico Sur no responde a una convicción de Estado, sino a un desesperado intento de recuperar la iniciativa política ante el deterioro de los sondeos y el estancamiento de su programa de gobierno.

Rodeado por su gabinete y apelando a un tono marcial, Milei convocó a la dirigencia a conformar una pretendida unidad nacional. La escena despertó de inmediato el recuerdo más sombrío de la historia contemporánea del país: la maniobra de la última dictadura militar encabezada por Leopoldo Fortunato Galtieri, quien en 1982 apeló a la fibra patriótica para amortiguar el colapso interno bajo la falsa premisa de que Washington traicionaría sus lazos con Londres para respaldar a la Argentina. En un ruego público calcado de aquel error histórico, el mandatario libertario imploró a su aliado del norte que no mire hacia otro lado ante la vulneración de los recursos territoriales.

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La farsa de los anuncios de Milei

El eje central del mensaje de Milei fue la promesa de endurecer las sanciones contra el megaproyecto offshore Sea Lion, que la israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration desarrollan en la cuenca Malvinas Norte para perforar pozos en 2027. Sin embargo, la supuesta batería de medidas anunciada por la Casa Rosada omite que las herramientas jurídicas ya existen en la legislación argentina y fueron deliberadamente ignoradas durante todo el mandato libertario.

La Ley 26.659, sancionada en 2011 y perfeccionada en 2013, ya faculta al Estado para castigar a las petroleras clandestinas con penas de hasta veinte años de inhabilitación y responsabilidades penales directas. Entre 2011 y 2015 se sancionó a ocho compañías y se declaró clandestina a la propia Rockhopper en los tribunales federales de Tierra del Fuego. Más tarde, entre 2020 y 2021, la Cancillería libró notas formales de desaliento y abrió sumarios contra Navitas Petroleum para frenar el flujo financiero del yacimiento.

Lejos de sostener ese andamiaje, Javier Milei congeló los expedientes y permitió que la infraestructura extractiva avance sin sobresaltos. Frente a la inacción del Poder Ejecutivo, fueron los excombatientes del CECIM La Plata y organizaciones ambientales quienes debieron acudir a la Justicia Federal fueguina para solicitar medidas cautelares urgentes. A esta parálisis se suma el contrasentido de prometer la construcción de una Base Naval Integrada en Tierra del Fuego, casualmente en un predio estratégico que el propio plan de ajuste estatal había seleccionado para su venta y privatización.

De la admiración a Thatcher a la subordinación a Washington

El prontuario de la diplomacia libertaria choca de frente con su flamante retórica soberanista. Durante su mandato, Javier Milei rehabilitó los lineamientos del cuestionado pacto Foradori-Duncan, habilitando concesiones para el desarrollo económico británico en materia pesquera, energética y de conectividad aérea sin pasar por el continente. Al mismo tiempo, la Cancillería rompió lazos con bloques históricos en las Naciones Unidas al votar contra resoluciones clave para los países africanos, debilitando las mayorías que históricamente acompañaban el reclamo argentino en el Comité de Descolonización.

El verdadero motor de este viraje apareció a miles de kilómetros de Buenos Aires. Horas antes de la cadena nacional de Milei, Donald Trump declaró con ligereza a la televisión británica que podría revisar el respaldo estadounidense a Gran Bretaña sobre las islas, motivado no por solidaridad con el pueblo argentino, sino por el enojo de la Casa Blanca ante la negativa de Londres de elevar su gasto militar en la OTAN y de sumarse a su ofensiva en Medio Oriente. El libertario se aferró de forma inmediata a esa presión externa para montar una causa sagrada que tape sus propios errores no forzados, como la admisión en Chile de que su modelo económico nunca funcionó.

La utilización oportunista de una herida colectiva no repara el daño ocasionado por años de abandono diplomático. Malvinas es una política de Estado que no tolera la impostura de quienes veneran a los verdugos del ARA General Belgrano ni la entrega de recursos bajo el disfraz de una falsa cruzada patriótica.

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