Más del 80% de los argentinos considera que el litio, el agua y las tierras deben permanecer mayoritariamente en manos nacionales. Además, una amplia mayoría reclama que la política exterior responda al interés del país.

Los resultados de un nuevo estudio de Zuban Córdoba muestran una posición extendida entre los argentinos sobre cómo debería pararse el país frente a sus recursos naturales y al escenario internacional. Las respuestas marcan límites claros a la extranjerización y al alineamiento automático con otras potencias.
El dato adquiere especial relevancia frente a un Gobierno que hizo de la apertura económica y de su vínculo privilegiado con Estados Unidos dos de los ejes de su gestión.
Los recursos estratégicos aparecen como un límite
El 81,8% de los consultados considera que recursos como el litio, el agua y las tierras deberían quedar mayoritariamente en manos argentinas. Solo el 16,5% se manifestó en desacuerdo.
La posición también se extiende al sector productivo: el 74,1% cree que es más importante proteger la producción y la industria nacional, frente al 23% que no acompaña esa postura.
Los números muestran que la apertura hacia inversiones y mercados internacionales no necesariamente implica, para una amplia mayoría, resignar el control sobre bienes considerados estratégicos. De hecho, cuando se consultó específicamente por el modelo de inserción internacional, la opción que más respaldo obtuvo fue abrirse al mundo pero cuidando los recursos estratégicos, con el 60,5%.
La alternativa de abrir la economía sin restricciones apenas alcanzó el 14,2%.
El alineamiento automático tampoco convence
La misma lógica aparece al analizar la política exterior. El 77,9% sostiene que Argentina debería tomar sus decisiones de acuerdo con sus propios intereses y evitar un alineamiento automático con potencias extranjeras. Apenas el 19,6% respaldó esa última posición.
El resultado adquiere otra dimensión después de las declaraciones del canciller Pablo Quirno, quien calificó a la soberanía nacional como un concepto “anticuado”. El 66,7% expresó estar “muy en desacuerdo” con esa mirada y otro 7,6% se ubicó “algo en desacuerdo”.
La cuestión, además, podría tener peso electoral: el 65,3% afirmó que consideraría priorizar una propuesta nacionalista y soberanista en materia de tierras, recursos naturales y relaciones internacionales.
Los números no plantean una sociedad cerrada al mundo. Plantean algo bastante más específico: una mayoría que quiere vincularse con el exterior sin resignar la capacidad de decidir sobre sus propios recursos ni subordinar automáticamente sus intereses a los de otras potencias. Y ese límite aparece justamente en algunos de los debates que el Gobierno de Milei busca instalar como parte de su proyecto de país.