La falta de controles y de conciencia expone a lobos marinos y otras especies silvestres a ataques evitables, mientras también pone en riesgo la salud de las mascotas y revela una convivencia cada vez más irresponsable.

Una recorrida veraniega, un paseo nocturno o una salida breve con un perro suelto pueden transformarse en una escena de alto riesgo en la arena. En muchas playas del país, animales domésticos y fauna silvestre comparten el mismo espacio sin controles ni prevención, una combinación que ya dejó consecuencias graves y que sigue siendo subestimada.
Los lobos marinos, que suelen descansar, recuperarse o mudar su piel en la costa, son blanco frecuente de ataques. En 2023, un episodio terminó con la muerte de una cría, un caso extremo que expuso un problema recurrente. Pero el daño no es solo para la fauna: el contacto con animales silvestres puede transmitir enfermedades peligrosas para los perros, un riesgo invisible que muchos dueños ignoran.
Víctor Fratto, licenciado en Ciencias Ambientales y director del proyecto Refaunar, advierte que “el perro puede llegar a ser lastimado” y que algunos animales que salen a la playa “pueden estar enfermos y transmitir enfermedades”. Según explica, estas situaciones se repiten y podrían evitarse con medidas básicas de cuidado y responsabilidad.
La clave, insiste Fratto, es la prevención. “Se han ido disminuyendo los riesgos por medio de la concientización de la población y del respeto a las playas donde no se puede ingresar con perros”, señala. Aunque la prohibición no rige en todas las costas, el especialista remarca que se debe hacer todo lo posible para evitar el acercamiento y el contacto directo.
Tras décadas de caza, la población de lobos marinos comenzó a recuperarse desde fines del siglo pasado gracias a la prohibición y a la creación de áreas protegidas. “La población ha ido aumentando y eso también tiene que ver con las zonas de reproducción protegidas”, explica Fratto.
En las playas del sur se desarrolla una intensa tarea de cuidado que abarca también a pingüinos, cormoranes y elefantes marinos. Sin embargo, gran parte de los rescates siguen teniendo una causa común: la acción humana. “Un día sacamos una serpiente de una cocina, horas después rescatamos un pingüino o trasladamos un gato montés al veterinario. Siempre por causas humanas”, resume Fratto. La advertencia es clara y urgente.