
La renuncia de Marco Lavagna a la conducción del INDEC marca el cierre de una etapa atravesada por la polémica. El funcionario, que había asumido el 30 de diciembre de 2019 durante el gobierno de Alberto Fernández, deja el organismo en un momento particularmente sensible: con la medición de la inflación bajo cuestionamiento y a días de publicarse el primer índice con una nueva metodología.
En las últimas semanas, el INDEC quedó en el foco del debate público por la modificación del Índice de Precios al Consumidor (IPC), impulsada tras los reproches por la brecha entre los números oficiales y el costo de vida real en los hogares. El cambio técnico, largamente postergado, generó tensiones con el gobierno de Javier Milei, que teme que los nuevos ponderadores arrojen cifras más altas y erosionen su principal bandera política: la desaceleración inflacionaria.
La salida de Lavagna no se explica solo por la discusión estadística. También se da en un clima de conflicto interno, marcado por el congelamiento salarial dentro del organismo y el malestar creciente entre los trabajadores. Esa combinación de presión política y tensión gremial terminó de debilitar una gestión que buscó sostener un perfil técnico en un contexto cada vez más hostil.
Desde ATE INDEC, la renuncia encendió alertas. Su delegado, Raúl Llaneza, advirtió que el paso al costado del titular del organismo “a ocho días de la publicación del IPC con la nueva ponderación” genera preocupación y reclamó, una vez más, un INDEC independiente del poder político. El mensaje no fue casual: la credibilidad del índice es un activo tan sensible como frágil.
El nuevo método, vigente desde enero, actualiza la base de cálculo del IPC a partir de la Encuesta de Ingresos y Gastos de los Hogares 2017-2018, dejando atrás una estructura anclada en 2004-2005. Rubros como Vivienda, servicios públicos, Transporte y Comunicaciones ganan peso, un ajuste técnico que, según consultoras privadas, tiende a reflejar una inflación más elevada que la mostrada hasta ahora.
Con diciembre cerrado en 2,8% bajo la metodología anterior y una inflación acumulada de 259% en los primeros dos años de Milei —que habría trepado a 270% con los nuevos ponderadores—, el dato de enero, que se conocerá el 10 de febrero, será mucho más que una cifra. Será una primera señal de hasta dónde llega la autonomía del INDEC… y cuánto pesa la política cuando los números incomodan.