Los trabajadores acreditados encontraron cajones abiertos, documentos removidos y objetos personales fuera de lugar tras el fin de semana, en medio de un clima de persecución, espionaje interno y hostigamiento permanente.

La libertad de prensa y el ejercicio del periodismo en la sede del Poder Ejecutivo alcanzaron un punto crítico de extrema vulnerabilidad democrática. Al ingresar este lunes a sus puestos habituales de trabajo, los primeros cronistas acreditados en Balcarce 50 descubrieron que la Sala de Prensa de la Casa Rosada había sido vulnerada: todos los cajones de los escritorios permanecían abiertos, los objetos personales habían sido manipulados y carpetas de trabajo fueron dejadas deliberadamente a la vista, confirmando una intromisión clandestina ocurrida durante el fin de semana.
El acoso a la prensa
El grave episodio no es un hecho aislado, sino la consecuencia directa de una decisión deliberada de la gestión oficialista, que quitó la llave que históricamente custodiaba el acceso al recinto tras la finalización de cada jornada informativa para dejar el espacio totalmente desprotegido. La falta de resguardo permitió el ingreso irrestricto de personas no identificadas para registrar documentación, ficheros y elementos personales de los cronistas que cubren la agenda política nacional.
Este peligroso suceso ocurre en un escenario de creciente hostilidad alimentado por las reiteradas descalificaciones, insultos y amenazas públicas que el propio mandatario nacional dirige a diario contra los trabajadores de prensa. A su vez, se suma al inédito antecedente del cierre forzoso del espacio de trabajo durante once días, un hecho sin precedentes desde el retorno de la democracia que marcó el inicio de un plan sistemático para restringir la labor informativa en la Casa de Gobierno.
Espionaje, persecución física y un régimen de vigilancia extrema
A partir de la reapertura con restricciones del sector, la Casa Militar profundizó un esquema de hostigamiento y control asfixiante que se agrava día tras día. Pese a que la Justicia desestimó de plano una falsa denuncia por presunto espionaje impulsada contra un periodista de televisión, la custodia gubernamental endureció los mecanismos de disciplinamiento y requisa sobre los profesionales acreditados.
En la actualidad, los cronistas son sometidos a un trato degradante que incluye doble control de detectores de metales, modificación compulsiva de los accesos, retención de credenciales, registro de horarios y la prohibición absoluta de circular por los pasillos. El nivel de persecución llega al extremo de que efectivos de seguridad siguen físicamente a los redactores cuando realizan llamados telefónicos o se dirigen a los sanitarios, consolidando un clima de asedio incompatible con el Estado de derecho que hoy culmina con la intromisión directa sobre los escritorios de la Sala de Prensa de la Casa Rosada.