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Energías astrológicas 2026: un año para alinear el fuego interno con acciones conscientes

Por infolitica

Con Saturno en Aries, Júpiter entre Cáncer y Leo, eclipses que reordenan hábitos y liderazgos y Plutón redefiniendo lo colectivo, las energías de 2026 invitan a actuar con coherencia, raíz y responsabilidad emocional.

Por: Mauro Estevez

El 2026 no llega como un calendario nuevo, sino como una respiración profunda después de una larga tensión. No es un año ligero ni espectacular: es un año encarnado. Los astros no prometen atajos ni milagros, sino coherencia. Todo lo que se mueva sin raíz se agota rápido; todo lo que se haga con conciencia, aunque sea lento, permanece.

Desde el comienzo del año, Saturno en Aries marca el pulso de la época. No es el Saturno de las estructuras heredadas ni de las obediencias ciegas: es el Saturno del coraje responsable. La pregunta que atraviesa lo personal y lo social es directa y sin adornos: ¿qué estás dispuesto a sostener con tus actos? Aries quiere avanzar, pero Saturno exige método, estrategia, madurez. El impulso sin dirección se quema; la acción consciente se vuelve destino. A nivel colectivo, este tránsito redefine liderazgos, expone falsas épicas y obliga a asumir consecuencias. A nivel íntimo, nos entrena para dejar de reaccionar y empezar a decidir.

En paralelo, Júpiter transita por Cáncer durante la primera mitad del año, expandiendo temas de pertenencia, cuidado, memoria y territorio emocional. No se trata de nostalgia sino de raíces: ¿desde dónde vivimos?, ¿qué llamamos hogar?, ¿a quién protegemos y cómo? Este Júpiter amplifica debates sociales sobre vivienda, alimentación, identidades culturales y vínculos comunitarios, pero también nos invita a revisar nuestra historia personal sin victimismo y sin negación. Crecer, en 2026, implica hacerse cargo de la propia sensibilidad. No esconderla, no usarla como excusa, sino convertirla en criterio.

Cuando Júpiter ingrese en Leo, la segunda mitad del año enciende otra escena: la necesidad de expresarnos, de ocupar espacio, de crear. Pero no es un Leo ingenuo. Todo lo trabajado en Cáncer funciona como base: solo brilla lo que tiene raíz. La creatividad se vuelve política, la voz personal adquiere peso social, y el deseo de reconocimiento se enfrenta a una pregunta clave: ¿para qué quiero ser visto? Este tránsito favorece proyectos culturales, liderazgos creativos y gestos de afirmación personal, siempre que no se confundan brillo con ego.

Mientras tanto, Plutón en Acuario continúa su trabajo silencioso y profundo. No destruye de golpe: reconfigura desde adentro. Cambian las formas de poder, las dinámicas de grupo, los sistemas tecnológicos y las ideas de futuro. A nivel social, se intensifican debates sobre inteligencia artificial, control, redes, comunidad y libertad. A nivel personal, Plutón pide desapego de identidades rígidas: ya no somos quienes creíamos ser, y resistirse a eso genera ansiedad. Adaptarse conscientemente genera potencia.

Neptuno en Aries, aun en sus primeros grados, tiñe el clima general con una mezcla extraña de idealismo y confusión. Hay sueños nuevos, pero todavía no tienen forma. Hay luchas simbólicas, causas que movilizan, pero también riesgo de fanatismos y desilusiones. La brújula no es externa: la única defensa contra el engaño es la lucidez interior. En 2026, creer no alcanza; hay que discernir.

Los grandes puntos de giro del año llegan con los eclipses en el eje Virgo–Piscis, que atraviesan la tensión entre orden y entrega, control y fe, cuerpo y espíritu. Cada eclipse funciona como una llamada de atención: no podemos seguir viviendo desconectados de lo cotidiano ni espiritualizando el escape. Virgo pide hábitos, salud, trabajo consciente; Piscis pide sentido, compasión, descanso profundo. El mensaje es claro: sanar no es huir, es integrar. A nivel colectivo, estos eclipses sacan a la luz fallas en sistemas de salud, trabajo y cuidado; a nivel personal, revelan dónde nos sacrificamos de más y dónde evitamos hacernos cargo.

A esta dinámica de sanación y ajuste se suman, como telón de fondo más ruidoso y visible, los eclipses en el eje Leo–Acuario, que atraviesan 2026 como un pulso eléctrico que sacude identidades, liderazgos y formas de pertenecer. Si Virgo–Piscis trabaja en lo invisible —hábitos, salud, fe, desgaste—, Leo–Acuario actúa en escena abierta: el yo frente al nosotros, el deseo personal frente al proyecto colectivo. Estos eclipses no preguntan si estamos listos para mostrarnos: exponen.

Caen máscaras, se reconfiguran figuras de poder, se redefinen lugares de influencia. A nivel social, se intensifican debates sobre representación, liderazgo, tecnología y comunidad; a nivel personal, nos obligan a revisar desde dónde buscamos reconocimiento y a qué grupo entregamos nuestra lealtad. Leo pide autenticidad creativa, pero Acuario exige coherencia ética: no alcanza con brillar si ese brillo no dialoga con el tiempo que habitamos.

En 2026, estos eclipses enseñan que la verdadera singularidad no se opone a lo colectivo, sino que lo enriquece. Quien intente imponerse desde el ego queda fuera de sintonía; quien se anime a aportar su voz sin traicionarse encuentra un lugar nuevo, más honesto y más vivo.

Durante todo el año, Mercurio retrógrado actúa como editor del relato: corrige excesos, obliga a revisar acuerdos, redefine palabras. No es un obstáculo, sino una pausa necesaria para pensar antes de hablar y escuchar antes de responder. En 2026, la comunicación madura se vuelve una herramienta de supervivencia emocional y social.

El clima general del año no favorece la dispersión. Los astros piden menos velocidad y más presencia. Trabajar la paciencia, fortalecer el cuerpo, ordenar prioridades, elegir batallas, cuidar la energía. No todo merece respuesta inmediata. No todo conflicto requiere guerra. La verdadera valentía es sostener procesos.

Hacia el cierre del año, la sensación no es de final feliz sino de alineación. Quien haya hecho el trabajo interno —ordenar, asumir, elegir— siente coherencia. Quien haya negado señales, también recibe claridad, aunque incomode. El cielo no castiga ni premia: refleja.

2026 nos enseña que madurar no es endurecerse, sino hacerse responsable del propio fuego sin apagar la sensibilidad. La meta no es la perfección, sino la coherencia entre lo que sentimos, pensamos y hacemos. Los consejos finales son simples y profundos: actuar con intención, cuidar el cuerpo como territorio sagrado, sostener vínculos honestos, crear con sentido, y no traicionarse para encajar.

El año se cierra con una promesa silenciosa: cuando vivimos alineados con nuestra verdad —aunque sea incómoda—, el tiempo deja de ser enemigo y se vuelve aliado. Los astros no piden fe ciega. Piden presencia. Y eso, en 2026, es suficiente para empezar de nuevo.

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