El Banco Nacional de Datos Genéticos, clave para recuperar identidades robadas por la dictadura, enfrenta un recorte que pone en riesgo su continuidad.

A 50 años del golpe cívico-militar, una de las herramientas más potentes de Memoria, Verdad y Justicia está bajo amenaza. El Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG), institución clave para restituir la identidad de los nietos apropiados durante la dictadura, atraviesa un proceso de desfinanciamiento que enciende alarmas en la comunidad científica y en los organismos de derechos humanos.
De una revolución científica a una herramienta de justicia
Todo comenzó en 1979, cuando un grupo de Abuelas de Plaza de Mayo encontró en una noticia una posibilidad inesperada: la ciencia podía ayudar a encontrar a sus nietos. A partir de esa intuición, y tras recorrer el mundo en busca de respuestas, lograron desarrollar junto a científicos como Mary-Claire King el índice de abuelidad, una técnica capaz de establecer vínculos biológicos con una certeza del 99,99%.
Ese avance permitió transformar la búsqueda basada en intuiciones en una prueba científica contundente. En 1987, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, se creó el BNDG, que desde entonces permitió restituir la identidad de 140 nietos y se convirtió en referencia mundial en genética forense.
Recortes, vaciamiento y pérdida de especialistas
Hoy, ese mismo organismo enfrenta un ajuste severo. En los últimos dos años, su presupuesto cayó más de un 57%, afectando principalmente los gastos de funcionamiento y los salarios. La consecuencia es directa: pérdida de personal altamente capacitado y una estructura cada vez más debilitada.
La planta del organismo se redujo un 34% entre 2023 y 2025. Cada profesional que se va no solo representa un puesto menos, sino años de formación especializada y conocimiento acumulado que se pierde.
Un decreto que pone en jaque su autonomía
El golpe más reciente llegó con el decreto 351/2025, firmado por Javier Milei, que modificó el estatus del BNDG y lo subordinó a la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología. La medida eliminó su autonomía administrativa, una condición clave para garantizar su independencia científica.
Desde el sector advierten que este cambio no es menor: al integrarlo en una estructura ya afectada por el ajuste, se compromete su capacidad operativa y su rol histórico en la investigación de delitos de lesa humanidad.
Mucho más que un archivo
El BNDG no es solo una base de datos: es una institución activa que recibe más de 120 consultas mensuales de personas que dudan sobre su identidad. Aún quedan cientos de casos sin resolver, y las consecuencias del terrorismo de Estado se extienden a nuevas generaciones.
Además, su desarrollo permitió avanzar en la identificación de víctimas de desastres y violencias actuales, siendo modelo para otros países de la región.
Un retroceso que interpela
La Argentina supo convertir el dolor en una política de Estado y en un desarrollo científico de alcance global. Hoy, ese legado está en riesgo.
El desfinanciamiento del Banco Nacional de Datos Genéticos no solo afecta a la ciencia: impacta de lleno en la posibilidad de seguir buscando la verdad. Y en un país con 30.000 desaparecidos, cualquier retroceso en ese camino no es técnico. Es profundamente político.