A dos años del decreto que prometía inversiones millonarias para mejorar la seguridad ferroviaria, gremios denuncian desinversión, aumento de descarrilamientos y un sistema cada vez más cerca del colapso.

La Emergencia Ferroviaria que el Gobierno anunció tras el choque de dos trenes de la línea San Martín en 2024 quedó atrapada en una paradoja inquietante: fue presentada como una solución urgente para evitar nuevas tragedias, pero dos años después las obras prometidas siguen sin aparecer mientras aumentan los accidentes y se deteriora el servicio.
Según denuncian trabajadores del sector, de los fondos originalmente previstos para modernizar la infraestructura ferroviaria apenas se ejecutó una parte, mientras que los problemas que motivaron la emergencia no solo continúan sino que se agravaron. El dato más alarmante es el crecimiento de los descarrilamientos registrados durante los últimos meses en distintas líneas del país.
Más accidentes, menos frecuencias y una red cada vez más deteriorada
La situación preocupa especialmente porque la declaración de emergencia fue impulsada después de un accidente que dejó decenas de heridos y expuso el deterioro de la red ferroviaria. Sin embargo, gremios como la Unión Ferroviaria y La Fraternidad sostienen que las inversiones nunca llegaron al sistema.
De acuerdo con los datos difundidos por los sindicatos, durante los primeros meses de este año ya se registraron más de un centenar de descarrilamientos entre trenes de pasajeros y cargas. A eso se suma una reducción de frecuencias que, según denuncian, ronda el 30% en varias líneas del Área Metropolitana de Buenos Aires.
La consecuencia es visible para millones de usuarios: viajes más largos, trenes más llenos y servicios cada vez menos confiables. En algunos ramales incluso se implementaron restricciones de velocidad por el estado de las vías, lo que prolongó considerablemente los tiempos de viaje.
Desde el sector ferroviario advierten que la falta de mantenimiento y renovación de infraestructura incrementa los riesgos operativos. “El riesgo de chocar es cada vez más grande”, alertó Rubén Sobrero, quien además responsabilizó al Gobierno por el deterioro del sistema.
Una emergencia sin obras y con sospechas sobre el destino de los fondos
El principal cuestionamiento apunta a la distancia entre los anuncios oficiales y los resultados concretos. La Emergencia Ferroviaria contemplaba inversiones destinadas a renovar vías, mejorar sistemas de señalamiento y reforzar la seguridad operativa en toda la red.
Sin embargo, los gremios sostienen que las grandes obras nunca se materializaron y que el único avance visible fue la incorporación de algunas locomotoras. Mientras tanto, denuncian despidos, falta de repuestos y un creciente deterioro del material rodante.
Las críticas se producen además en un contexto donde el Gobierno mantiene su intención de avanzar con la privatización de distintos sectores ferroviarios. Para los trabajadores, la combinación de desinversión, reducción de servicios y deterioro operativo configura un escenario cada vez más preocupante.
A dos años de la emergencia que prometía evitar nuevas tragedias, el sistema ferroviario vuelve a quedar bajo la lupa. Y mientras crecen las advertencias sobre seguridad y aumentan los incidentes, la pregunta que recorre estaciones, talleres y sindicatos sigue siendo la misma: dónde quedaron los fondos que debían evitar que la historia volviera a repetirse.