Un informe de trabajadores de Vialidad Nacional advierte que más del 60% de las rutas está en estado regular o malo. Denuncian recortes, falta de mantenimiento y un escenario de “alto riesgo de siniestralidad vial” mientras el Gobierno avanza con concesiones.
Más del 60 por ciento de las rutas nacionales argentinas se encuentra hoy en estado regular o directamente malo, con un deterioro acelerado que eleva el riesgo de siniestros viales y muertes evitables. Así lo advierte un informe elaborado por trabajadores de Vialidad Nacional, que pone el foco en el abandono de la infraestructura en un contexto de recortes presupuestarios, despidos masivos y paralización de la obra pública.
El documento señala que la falta de mantenimiento en calzadas, banquinas, señalización, puentes e iluminación genera un proceso acumulativo que deriva en fallas estructurales graves. Según los datos oficiales más recientes, correspondientes al período 2023-2024, solo el 47,5% de las rutas relevadas estaba en buen estado, mientras que casi el 30% ya presentaba condiciones malas. Sin embargo, ese relevamiento abarcó menos de la mitad de la Red Vial Nacional.
A partir del seguimiento cotidiano en las rutas, la Federación del Personal de Vialidad Nacional proyecta que actualmente entre el 65 y el 70% de los corredores nacionales se encuentra en estado regular a malo. Desde el gremio explican que, desde mediados de 2024, prácticamente no hubo tareas de conservación y que las intervenciones actuales son mínimas y de baja calidad.
El informe también advierte sobre el impacto directo en la siniestralidad vial. La falta de mantenimiento incrementa la gravedad de los accidentes y eleva los costos económicos para el Estado. Cada víctima fatal representa, en promedio, más de 62 mil dólares en gastos públicos, mientras que la siniestralidad vial equivale al 1,4% del PBI.
En paralelo, el Gobierno avanza con concesiones de rutas y nuevos aumentos de peajes. Para los trabajadores, el combo es alarmante: rutas deterioradas, tarifas más altas y un Estado que se retira de una función clave, con consecuencias potencialmente trágicas.
Un informe de trabajadores de Vialidad Nacional advierte que más del 60% de las rutas está en estado regular o malo. Denuncian recortes, falta de mantenimiento y un escenario de “alto riesgo de siniestralidad vial” mientras el Gobierno avanza con concesiones.
Más del 60 por ciento de las rutas nacionales argentinas se encuentra hoy en estado regular o directamente malo, con un deterioro acelerado que eleva el riesgo de siniestros viales y muertes evitables. Así lo advierte un informe elaborado por trabajadores de Vialidad Nacional, que pone el foco en el abandono de la infraestructura en un contexto de recortes presupuestarios, despidos masivos y paralización de la obra pública.
El documento señala que la falta de mantenimiento en calzadas, banquinas, señalización, puentes e iluminación genera un proceso acumulativo que deriva en fallas estructurales graves. Según los datos oficiales más recientes, correspondientes al período 2023-2024, solo el 47,5% de las rutas relevadas estaba en buen estado, mientras que casi el 30% ya presentaba condiciones malas. Sin embargo, ese relevamiento abarcó menos de la mitad de la Red Vial Nacional.
A partir del seguimiento cotidiano en las rutas, la Federación del Personal de Vialidad Nacional proyecta que actualmente entre el 65 y el 70% de los corredores nacionales se encuentra en estado regular a malo. Desde el gremio explican que, desde mediados de 2024, prácticamente no hubo tareas de conservación y que las intervenciones actuales son mínimas y de baja calidad.
El informe también advierte sobre el impacto directo en la siniestralidad vial. La falta de mantenimiento incrementa la gravedad de los accidentes y eleva los costos económicos para el Estado. Cada víctima fatal representa, en promedio, más de 62 mil dólares en gastos públicos, mientras que la siniestralidad vial equivale al 1,4% del PBI.
En paralelo, el Gobierno avanza con concesiones de rutas y nuevos aumentos de peajes. Para los trabajadores, el combo es alarmante: rutas deterioradas, tarifas más altas y un Estado que se retira de una función clave, con consecuencias potencialmente trágicas.